ACTO ACADÉMICO DE APERTURA DEL AÑO PAULINO EN LA ARQUIDIÓCESIS DE SALTA
La Iglesia de Jesús que camina en Salta quiere hacerse eco del llamado que el Santo Padre Benito XVI nos dirigió a celebrar el Año Paulino, "año jubilar especial, del 28 de junio de 2008 al 29 de junio de 2009 con ocasión del bimilenario del nacimiento" (1) del Apóstol Pablo.
Queremos, nosotros también, vivir este año creciendo en la experiencia de nuestra conversión bautismal ya que "lo que vale es poner en el centro de la propia vida a Jesucristo, de manera que nuestra identidad sea marcada esencialmente por el encuentro, por la comunión con Cristo y con su Palabra (2).
La celebración del Sínodo de la Palabra en la Iglesia Universal, el lanzamiento de la Misión desde Aparecida en América Latina y el Caribe y el objetivo pastoral que acompaña a nuestra arquidiócesis nos ofrecen un marco adecuado para responder a la invitación del Papa con prontitud y entusiasmo.
Nos venimos proponiendo "fortalecer la formación de los bautizados, discípulos misioneros de Jesucristo, promoviendo una catequesis renovada y actualizada en la comunidad, para madurar la fe y revitalizar la conciencia de su pertenencia eclesial en las parroquias y en las familias" (3). ¿Qué figura más oportuna que la de San Pablo nos puede iluminar con su palabra y con su vida para renovar nuestro empeño? Su amor apasionado por Jesucristo, la dinámica evangelizadora que marcó su existencia, la captación del misterio de la Iglesia como Cuerpo Místico del Señor son, entre otras muchas, propuestas que nos animarán en la tarea.
I
Hemos inaugurado el Año jubilar en nuestra arquidiócesis en la parroquia "San Pablo" de Chicoana, durante la Celebración Eucarística del pasado domingo 29 de junio, Solemnidad de los Apóstoles Pedro y Pablo. Agradezco al P. Carlos Correa su gentil aceptación de convertir su parroquia en la puerta de toda la Iglesia local que se abre a este paso del Espíritu que debe ser el Año Paulino.
Siguiendo a Benito XVI en su homilía del 28 de junio, también nosotros nos preguntamos: ¿Quién era, quién es San Pablo? ¿Qué nos dice a nosotros? ¿Qué me dice a mí?
Pablo vivió su existencia desde la fe: "Yo estoy crucificado con Cristo, y ya no vivo yo, sino que Cristo vive en mí: la vida que sigo viviendo en la carne, la vivo en la fe en el Hijo de Dios, que me amó y se entregó por mí" (Gal 2,20).
Desde la fe Pablo vivió con audacia, desinterés y generosidad su búsqueda de la verdad y su servicio a ella: "Dios nos encontró dignos de confiarnos la Buena Noticia y nosotros la predicamos, procurando agradar no a los hombres sino a Dios" (1 Tes. 2, 4).
Pablo encontró en la verdad la libertad que alcanza su madurez en la responsabilidad del amor: "Ustedes, hermanos, han sido llamados para vivir en libertad, pero procuren que esta libertad no sea un pretexto para satisfacer los deseos carnales: háganse más bien servidores los unos de los otros por medio del amor" (Gal 5, 13).
Una segunda respuesta a las preguntas: "¿Quién es Pablo? Y ¿Qué nos dice a nosotros? La encontramos en el libro de los Hechos de los Apóstoles (9, 4ss): "Y mientras iba caminando, al acercarse a Damasco, una luz que venía del cielo lo envolvió de improviso con su resplandor. Y cayendo en tierra, oyó una voz que le decía: 'Saulo, Saulo, ¿por qué me persigues?' El preguntó: '¿Quién eres tú, Señor?'. 'Yo soy Jesús, a quien tú persigues, le respondió la voz. Ahora levántate, y entra en la ciudad: allí te dirán qué debes hacer'"
Al ser atrapado por Cristo, Pablo lo descubre vivo en la comunidad de los cristianos: ¿Por qué me persigues? Esta experiencia madurará en el apóstol día a día y lo llevará a contemplar a Cristo como Aquél que ha sido constituido por encima de todo "Cabeza de la Iglesia, que es su Cuerpo y la Plenitud de aquel que llena completamente todas las cosas" (Ef 1, 22-23).
Pablo vive intensamente el misterio de la comunión: Ya la proclama desde la primera carta a los corintios cuando muestra a la Eucaristía como la base de la comunión: "La copa de bendición que bendecimos, ¿no es comunión con la Sangre de Cristo? Y el pan que partimos, ¿no es comunión con el Cuerpo de Cristo? Ya que hay un solo pan, todos nosotros, aunque somos muchos, formamos un solo Cuerpo, porque participamos de ese único pan" (1 Cor 10,16). Y la exhorta como estilo de vida: "Traten de conservar la unidad del Espíritu mediante el vínculo de la paz. Hay un solo Cuerpo y un solo Espíritu, así como hay una misma esperanza, a la que ustedes han sido llamados, de acuerdo con la vocación recibida. Hay un solo Señor, una sola fe, un solo bautismo. Hay un solo Dios y Padre de todos, que está sobre todos, lo penetra todo y está en todos" (Ef 4, 4-5).
Pablo vive la vida en clave de misión: Eso lo hace libre y desprendido: "No, nadie podrá privarme de este motivo de gloria. Si anuncio el Evangelio, no lo hago para gloriarme: al contrario, es para mí una necesidad imperiosa. ¡Ay de mí si no predicara el Evangelio! Si yo realizara esta tarea por iniciativa propia, merecería ser recompensado, pero si lo hago por necesidad, quiere decir que se me ha confiado una misión. ¿Cuál es entonces mi recompensa? Predicar gratuitamente la Buena Noticia, renunciando al derecho que esa Buena Noticia me confiere" I Cor 9, 1519.
Una tercera respuesta la encontramos en la segunda carta a Timoteo (2, 8-10): "Acuérdate de Jesucristo, que resucitó de entre los muertos y es descendiente de David. Esta es la Buena Noticia que yo predico, por la cual sufro y estoy encadenado como un malhechor. Pero la palabra de Dios no está encadenada. Por eso soporto estas pruebas por amor a los elegidos, a fin de que ellos también alcancen la salvación que está en Cristo Jesús y participen de la gloría eterna".
Pablo vivió a lo largo de su existencia lo que le fue anunciado a Ananías (Hch 9,15-16): "Ve a buscarlo, porque es un instrumento elegido por mi para llevar mi Nombre a todas las naciones, a los reyes y al pueblo de Israel. Yo le haré ver cuánto tendrá que padecer por mi Nombre".
Pablo asumió intensamente y hasta el derramamiento de su sangre el misterio del sufrimiento en unión con Cristo. Dejemos que el Papa nos enseñe: "El encargo del anuncio y la llamada al sufrimiento por Cristo van unidas indisolublemente. En un mundo en el cual la mentira es poderosa, la verdad se paga con el sufrimiento. El que quiere esquivar el sufrimiento, tenerlo lejos de sí, aleja de si a la vida misma y su grandeza; no se puede servir a la vida y así a la fe. No existe amor sin sufrimiento -sin el sufrimiento de la renuncia a sí mismos, de la transformación y purificación del yo por la verdadera libertad-. Donde no existe algo por lo que valga la pena sufrir, allí también la vida pierde su valor"(4).
II
Tres respuestas que quieren iluminar el andar de este año paulino. A la luz de la figura de Pablo Maestro de las gentes, como Iglesia, en cada una de nuestras comunidades deberemos:
Primero, madurar la fe, crecer en el conocimiento de la verdad a partir de un compromiso personal por acercarnos mas intensamente a la Palabra de Dios, por profundizar el compromiso catequético y catequístico de toda la arquidiócesis según las orientaciones de Aparecida. El Documento indica que "se hace necesario proponer a los fieles la Palabra de Dios como don del Padre para el encuentro con Jesucristo vivo, camino de auténtica conversión y de renovada comunión y solidaridad... Los discípulos de Jesús anhelan nutrirse con el Pan de la Palabra... Por esto la importancia de una pastoral bíblica entendida como animación bíblica de la pastoral" (5). Por otra parte, el fortalecimiento de la identidad del discípulo pasa por una catequesis adecuada que promueva una adhesión personal y comunitaria a Cristo (6).
En segundo lugar, alimentar a lo largo de este año paulino el conocimiento, amor y servicio a la Iglesia de Cristo, afirmando nuestra pertenencia a ella y nuestra identidad con apertura ecuménica y en diálogo con la cultura y con el mundo de hoy. "La vocación al discipulado misionero es convocación a la comunión en su Iglesia. No hay discipulado sin comunión. Ante la tentación, muy presente en la cultura actual, de ser cristianos sin Iglesia y las nuevas búsquedas espirituales individualistas, afirmamos que la fe en Jesucristo nos llegó a través de la comunidad eclesial y ella nos da una familia, la familia universal de Dios en la Iglesia católica. La fe nos libera del aislamiento del yo, porque nos lleva a la comunión" (7)
Tercero, crecer en la audacia y el testimonio. El martirio es la expresión mas acabada del testimonio fuerte y generoso. "La sangre de los mártires no clama venganza sino que reconcilia, no se presenta acusando sino como luz dorada: se presenta como fuerza del amor que supera al odio y a la violencia fundando, de este modo, una nueva comunidad, una nueva ciudad.
III
El fuerte llamado a la santidad que resuena en el año paulino mueve a la Iglesia a abrir su corazón concediendo el don de la indulgencia. La Penitenciaría Apostólica ha publicado el decreto de concesión de las indulgencias. Dicho decreto establece que "los fíeles cristianos de las diversas Iglesias locales, una vez cumplidas las condiciones habituales (confesión sacramental, Comunión eucarística y oración según las intenciones del Sumo Pontífice) excluido cualquier apego al pecado, podrán lucrar la indulgencia plenaria si participan devotamente en una función sagrada o en un ejercicio piadoso realizados públicamente en honor del Apóstol de los gentiles: los días de la inauguración solemne y la clausura del Año paulino, en todos los lugares sagrados; en otros días determinados por el Ordinario del lugar, en los lugares sagrados dedicados a San Pablo y, para utilidad de los fíeles, en otros designados por el mismo Ordinario.
Para dar cumplimiento a lo señalado dispongo que se puedan lucrar las indulgencias del Año Paulino en nuestra arquidiócesis de Salta una vez cumplidas las condiciones habituales del modo siguiente:
1. Todos los días del año en:
a. la Catedral Basílica y Santuario del Señor y de la Virgen del Milagro en la ciudad de Salta,
b. La Iglesia parroquial de San Pablo en Chicoana,
c. La Iglesia de la Vicaría "San Pablo Apóstol" ubicada en Avda. Circunvalación "Juan XXIII" al 1100 en el Barrio San Pablo de la ciudad de Salta.
d. La Iglesia parroquial de San Antonio de Padua en La Viña (Dpto. La Candelaria)
e. La Iglesia parroquial de Nuestra Señora del Rosario en Apolinario Saravia (Dpto. Anta).
2. En todas las sedes parroquiales durante las novenas patronales y el día de la fiesta patronal.
3. En los templos de las vicarías u otras capillas, el día de la fiesta patronal.
Recuerdo que el Decreto de la Penitenciaría Apostólica dispone que "los fieles impedidos por la enfermedad o por otra causa legítima y relevante, siempre con el corazón desapegado de cualquier pecado y con el propósito de cumplir las condiciones habituales apenas sea posible, podrán lucrar también la indulgencia plenaria, con tal que se unan espiritualmente a una celebración jubilar en honor de San Pablo, ofreciendo a Dios sus oraciones y sus sufrimientos por la unidad de los cristianos".
Que San Pablo nos acompañe. Con la protección del Señor y de la Virgen del Milagro.
Mons. Mario Antonio Cargnello, Arzobispo de Salta
Notas:
(1) Benedicto XVI, Homilía en San Pablo Extramuros. 28 de junio de 2007