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Misa Crismal

26 de Marzo de 2013

Homilía de mons. Mario Cargnello, arzobispo de Salta en ocasión de la Misa Crismal en Catedral Basílica de Salta, el pasado 27 de marzo.

“El Espíritu del Señor está sobre mí, porque el Señor me ha ungido. Él me envió a llevar la buena noticia a los pobres, a vendar los corazones heridos, a proclamar la liberación a los cautivos y la libertad a los prisioneros”. Después de leer este texto, Jesús comenzó a decirles: “Hoy se ha cumplido este pasaje de la Escritura que acaban de oír”. 

El “hoy” tiene, en este Año de la Fe, para la Iglesia toda y para nuestra Iglesia particular de Salta, una fuerza que podríamos calificar de única, capaz de constituir un hito en nuestras vidas y también en nuestras comunidades. 

En efecto, desde el 11 de febrero pasado, cuando el querido Benedicto XVI, hoy emérito, presentó su renuncia en un gesto elocuente de gobierno, la Iglesia se manifiesta llevada por el Espíritu Santo en el mar de la historia. Sólo el Espíritu puede sorprendernos como lo ha hecho despojándonos de toda falsa seguridad para confiar únicamente en Jesús, Esposo de la Iglesia y Señor de su historia y de la historia de los hombres. Hemos sido testigos y parte de todo el movimiento espiritual de oración, esperanza y afecto al Papa que la decisión de Benito XVI ha provocado. 

¿Y después?. Si San Benito nos ha recordado en el Papa que lleva su nombre que “nada se ha de anteponer al amor de Cristo”, Dios Padre nos ha dado ahora a Francisco para que su servicio petrino nos recuerde cada día que Cristo ha venido a traer la buena noticia a los pobres, a vendar a los heridos, a proclamar la liberación a los cautivos y la libertad a los prisioneros. 

Francisco de Asís representa, en la historia de la Iglesia, la fuerza liberadora de la pobreza, “questa, privata del primo marito,/ millecent’anni e piú dispetta e scura/ fino a costui si stette sanza invito”. Fuerza liberadora, digo, porque la pobreza, en el decir del Dante Alighieri, a quien cito: “dove María rimase giuso,/ ella con Cristo pianse in su la croce” 

Es en Cristo Crucificado, el manantial de donde brotan los acontecimientos que estamos viviendo, guardándolos, como María, en nuestros corazones. 



¿Cómo entender el llamado a vivir la pobreza? ¿Es posible escuchar la voz del Señor en medio de una sociedad fuertemente marcada por la cultura del tener, del consumir, del aparecer, del éxito? ¿Tiene sentido hoy?. 

En el Evangelio de Mateo, Jesús inaugura sus enseñanzas proclamando: “Felices los que tienen alma de pobres, porque a ellos les pertenece el Reino de los Cielos”. Con Él ha llegado la hora, cantada por la Virgen en el Magníficat, en que se van a realizar las promesas: “los pobres comerán hasta saciarse”. 

Jesús es pobre. El es “el Hijo del Hombre que no tiene donde reclinar la cabeza”. Lo atestigua Belén, Nazaret, su vida pública. Su entrada en Jerusalén, nos muestra al Rey “paciente y humilde de corazón”. En la Cruz resplandece y se consuma su pobreza. 

Jesús pide a los suyos el desprendimiento interior respecto a los bienes temporales: “No se puede servir a Dios y al dinero”; tenemos que buscar “ primero el Reino y su justicia y todo lo demás se les dará por añadidura”; porque no puede dar fruto el hombre que escucha la Palabra, pero las preocupaciones del mundo y las seducción de las riquezas la ahogan. El discípulo de Jesús vive la pobreza desde la humildad del publicano “que no se animaba siquiera a levantar los ojos al cielo, sino que se golpeaba el pecho diciendo: ‘¡Dios mío, ten piedad de mí, que soy un pecador”. 

Para vivir la pobreza por el Reino es necesario confiar filialmente en Dios, cultivar hondamente el deseo de seguir a Jesús, ser generosos con nuestros hermanos. Cultivar la pobreza es fuente de libertad interior, “porque allí donde tengan su tesoro, tendrán también su corazón”. El Señor Jesús, que pone en guardia a sus discípulos contra el peligro de las riquezas, nos pide a los que nos ha llamado para seguirle de cerca, que abracemos la pobreza: “Vendan sus bienes”. 

Vivir de corazón la pobreza nos da capacidad para descubrir que los pobres son bienaventurados en el Reino, como nos lo muestra San Lucas en la figura de Lázaro que “murió y fue llevado por los ángeles al seno de Abraham”. La mirada de Jesús sobre la pobreza compromete a acoger a los pobres, a ejemplo del mismo Dios que invita a su mesa a “los pobres, a los lisiados, a los ciegos, a los paralíticos”. Por ello, el servicio a los pobres se convierte en expresión de nuestro amor a Jesús. 

¿De dónde brota esta llamada a vivir la pobreza? ¿Hacia dónde nos dirige? Todo nos arrastra a vivir, en la fe, la comunión en el misterio de la “generosidad de nuestro Señor Jesucristo que, siendo rico, se hizo pobre por nosotros, a fin de enriquecernos con su pobreza”. 

II 

El Concilio Vaticano II nos enseña que la Iglesia, que nace de una disposición libérrima y arcana de la sabiduría y bondad del Padre Eterno, para recorrer el mismo camino de Jesús y comunicar los frutos de salvación a los hombres, debe imitar a Cristo, que “realizó la obra de la redención en pobreza y persecución... (porque) no fue instituida para buscar la gloria terrena, sino para proclamar la humildad y la abnegación, también con su propio ejemplo”. Por ello, como Cristo, “la Iglesia abraza con su amor a todos los afligidos por la debilidad humana; mas aún, reconoce en los pobres y en los que sufren, la imagen de su Fundador pobre y paciente, se esfuerza en remediar sus necesidades y procura servir en ellos a Cristo”. 

¿Qué significa ésto para nosotros, sacerdotes? ¿Cómo se ubica un presbítero diocesano frente a esta llamada del mismo Dios? 

El Decreto Presbiterorum Ordinis dedica un número a este tema. Vivir la pobreza en el corazón de la Iglesia pobre, supone la libertad interior para ser dóciles al Señor. El Concilio nos recuerda que “los sacerdotes, como quiera que su parte y su herencia es el Señor, deben usar de los bienes temporales para aquellos fines a que, de acuerdo con la doctrina de Cristo Señor y la ordenación de la Iglesia´, es lícito destinarlos”. En la administración de los bienes que la Iglesia nos confía y de los cuales no somos propietarios y, por lo tanto, no podemos disponer arbitrariamente, nos recuerda que la posesión de bienes temporales se da para conseguir tres fines: “para la ordenación del culto, para procurar la honesta sustentación del clero y para ejercer las obras del sagrado apostolado o de la caridad, sobre todo con los necesitados”. Por eso se nos exhorta a los obispos y a los presbíteros, a que no tengamos como negocio el oficio eclesiástico ni empleemos las ganancias que de él provengan para aumentar la propia hacienda. “Los sacerdotes, por ello, sin apegar de manera alguna su corazón a las riquezas, eviten siempre toda codicia y absténganse cuidadosamente de todo género de comercio”. 

La doctrina conciliar se tradujo en norma canónica. Al hablar de los derechos y deberes de todos los fieles, es decir, de los sacerdotes, religiosos y laicos, preceptúa el Código de Derecho Canónico: “Los fieles tienen el deber de ayudar a la Iglesia en sus necesidades, de modo que disponga de lo necesario para el culto divino, las obras de apostolado y de caridad y el conveniente sustento de los ministros”. Son los tres fines propios que nos mostraba el Concilio y que el Código repite en el canon 1254. 

Este deber de los fieles encuentra su correlativo derecho en la obligación que los administradores tienen de rendir cuentas a los fieles acerca de los bienes que estos entregan a la Iglesia y que nos compromete a todos, al obispo, a los presbíteros, a los laicos, en la diócesis, en sus parroquias, colegios, instituciones y movimientos. 

A los que administramos los bienes del Pueblo Santo de Dios, la Iglesia nos exige competencia y transparencia, como Pablo, que procuraba administrar la colecta de Jerusalén haciendo el bien no solamente delante de Dios sino también delante de los hombres. Por ello se nos exige instituir los Consejos de Asuntos Económicos tanto a nivel diocesano como parroquial. 

Cerrando el círculo de la comunión real de bienes en la Iglesia, el Código de Derecho Canónico preceptúa que “los administradores, tanto clérigos como laicos, de cualesquiera bienes eclesiásticos que no estén legítimamente exentos de la potestad de régimen del Obispo diocesano, deben rendir cuentas cada año al Ordinario del lugar, que encargará de su revisión al consejo de asuntos económicos”. De este modo la Iglesia cuidando los bienes del Pueblo de Dios nos invita a ser transparentes y honestos en la administración de los mismos. 

No estoy presentando una empresa. Estamos reflexionando sobre el modo concreto de ser miembros de la Iglesia, capaces de vivir la pobreza evangélica que nos da la libertad y nos capacita para poseer con desprendimiento y dar con generosidad. La moderación y la austeridad en el estido de vida, la transparencia y la solidaridad en la gestión deben ser el distintivo de nuestras vidas que se mostrarán fecundas en la apertura de corazón a los hermanos necesitados. 

III 

Agradezco de corazón a los hermanos sacerdotes que son fieles a este camino de Jesús y de la Iglesia. A los muchos que me dan ejemplo de vida austera y pobre. A los generosos párrocos y vicarios, responsables de instituciones y organismos de la arquidiócesis. A los sacerdotes, religiosos y laicos que son honrados y austeros en la administración de los bienes, a los que se preocupan por los mas necesitados en tantos comedores, escuelas, centros de servicio, en el trato personal, en la preocupación comunitaria. A los que atienden a los presos, a los marginados, a los excluidos. A los que atienden generosamente a los enfermos cuando éstos los llaman y no dilatan el cumplimiento de esta sacratísima obligación sacerdotal. 

Agradezco a los señores curas párrocos que han puesto en marcha el Plan Compartir en sus parroquias y lo sostienen como un camino de transparencia, de justa administración, de solidaridad y como un llamado a la corresponsabilidad. Les pido que miremos la fuerza de los gestos austeros del Papa Francisco que genera en los fieles confianza en la Iglesia, simpatía y comunión de cara al futuro. Creamos en el Señor, que siendo rico se hizo pobre por nosotros a fin de enriquecernos con su pobreza. 

IV 

Al comienzo de estas reflexiones decíamos, citando la Divina Comedia, que la pobreza permaneció crucificada con Cristo en la Cruz mientras María estaba al pie de ella. Les pido que contemplemos la imagen del Señor de Sumalao que fue restaurada y hoy está expuesta en el Panteón de las Glorias del Norte en esta Catedral. En Él parece realizarse aquello de la primera lectura: “El viene entre las nubes y todos lo verán, aún aquellos que lo habían traspasado. Por Él se golpearán el pecho todas la razas de la tierra”. La cruz es presentada como un árbol verde, un árbol vivo, un árbol fecundo. En Cristo crucificado, que es la fuente de toda fecundidad espiritual y apostólica, aprenderemos a ser fieles, a descubrir que los bienes que administramos son de la Iglesia, a ser pobres, a descubrir y a amar a los pobres. 

Que María del Milagro, la mujer humilde que acoge a los pobres, nos enseñe y nos acompañe y el Señor del Milagro nos atraiga con la fuerza del Espíritu que derramado sobre Él, lo derrama con especial fuerza desde nuestra ordenación sacerdotal, sobre cada uno de nosotros. 



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Pedido del Papa Francisco

15 de Marzo de 2013





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Inscripciones abiertas para la Carrera "Profesorado de Ciencias Sagradas"

11 de Marzo de 2013

El Profesorado de Ciencias Sagradas “Monseñor Roberto José Tavella” del Arzobispado de Salta informa que  abrió las inscripciones para cursar la Carrera de “Profesorado en Ciencias Sagradas” para la Educación Inicial, la Educación Primaria y la Educación Secundaria. Se otorga Título Docente para la Enseñanza Religiosa, tanto de establecimientos estatales como privados. El plan de estudios dispone de un  amplio margen para rendir en condición de libre. Asimismo otorga la posibilidad de cursar materias o módulos individuales del sistema cátedra abierta, ofreciendo una formación profesional docente para la convivencia democrática y el pluralismo religioso. 

Las clases inician el lunes 11 de marzo. Consultas e inscripciones en 20 de Febrero 770 de hs 18,00 a 21,30 de lunes a viernes, o comunicarse telefónicamente al 4219298 - Web: www.profesoradotavella.com.ar -  E-mail: tavella_salta@yahoo.com.ar



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