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VIGILIA PASCUAL[1]

 “Según una antiquísima tradición, ésta es una noche de vela en honor del Señor, y la Vigilia que tiene lugar en la misma, conmemorando la noche santa en la que el Señor resucitó, ha de considerarse como la madre de todas las santas Vigilias (San Agustín, sermón 219). Durante la Vigilia, la Iglesia espera la resurrección del Señor y la celebra con los sacramentos de la iniciación cristiana” (CFP 77: E 4520). “Es tan grande la Vigilia de esta noche, que ella sola podría reclamar para sí como propio el nombre que es común a las demás… Pasamos en vela la noche en que el Señor resucitó y en la que inauguró para nosotros en carne aquella vida en que no habrá ni muerte ni sueño” (San Agustín: Cf. IGLH 70).

En la historia, la Vigilia Pascual fue la primera en ser organizada por la comunidad cristiana, como una noche en vela, en oración y escucha de la Palabra, concluyendo con la celebración de la Eucaristía.

Además, muy pronto se entendió el carácter  bautismal de la Pascua, y se vio que era muy coherente celebrar los sacramentos de la iniciación (el Bautismo, la Confirmación y la primera Eucaristía), como conclusión del catecumenado, precisamente en esta noche. También ahora, cuando se trata de la iniciación de niños en edad escolar o de adultos, el Ritual recomienda que se celebren estos tres sacramentos juntos en l Vigilia Pascual.

La celebración de esta vigilia sufrió a lo largo de los siglos una clara decadencia. Baste recordar que, hasta que Pío XII emprendió la reforma de la Semana Santa, la Vigilia se celebra en la mañana del Sábado Santo. Fue este papa quien en 1951 le restituyó a la noche del sábado al domingo.

La celebración cristiana principal de todo el año, en la que se condensa todo el Misterio de la Salvación en Cristo y nuestra participación en él, se compone ahora de estos momentos:

 -          El “lucernario” o rito de entrada, con la bendición del fuego nuevo, la iluminación del Cirio Pascual, la procesión en torno a él, y el solemne pregón pascual, el Exsultet.

-          La liturgia de la Palabra, con siete lecturas del AT, unas más pascuales, como la de la creación del mundo, el sacrificio de Isaac y el paso del Mar Rojo, y otras más bautismales, como las proféticas; y dos del NT, la de Romanos, bautismal, y el evangelio de la resurrección según el evangelista del año; estas lecturas están acompañadas de sus respectivos salmos responsoriales y una oración; al pasar del AT al NT se canta festivamente el “Gloria a Dios en el cielo”, y como aclamación al evangelio, el solemne aleluya, que se había callado desde el inicio de la Cuaresma.

      -La liturgia bautismal, con la celebración del Bautismo (y la Confirmación).

      - La liturgia eucarística, la más importante del año.

En la Carta sobre las Fiestas Pascuales (CFP)  se explicitan las recomendaciones sobre su carácter nocturno, la dinámica de su estructura y las indicaciones de carácter pastoral. 


[1] José Aldazábal, Vocabulario Básico de Liturgia, biblioteca litúrgica 3, Barcelona 2002³.

 

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Comisión Arquidiocesana de Liturgia - Año 2008

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