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TIEMPO PASCUAL[1]

El Tiempo Pascual comprende cincuenta días (en griego, “pentecostés”), vividos y celebrados como un solo día: “Los cincuentas días que median entre el domingo de Resurrección hasta el domingo de Pentecostés se han de celebrar con alegría y júbilo, como si se tratara de un solo y único día festivo, como un gran domingo” (UN 22).

Es un espacio, el más “fuerte” de todo el año, que se inaugura en la Vigilia Pascual y se celebra durante siete semanas, hasta Pentecostés. Es la Pascua de Cristo, el Señor, que ha pasado a su existencia definitiva y gloriosa. Es la Pascua también de la Iglesia, su Cuerpo, que es introducida en la Vida Nueva de su Señor por medio del Espíritu que Cristo le dio el día del primer Pentecostés.

 El origen de esta cincuenta pertenece a las primeras realidades de la historia del Año Litúrgico. Los judíos tenían ya la “fiesta de las semanas” (Dt 16, 9 – 10), fiesta inicialmente agrícola y luego conmemorativa de la Alianza en el Sinaí, a los cincuenta días de la Pascua. Los cristianos organizaron muy pronto estas sietes semanas, o sea, el espacio de “Pentecostés”. Ya en el siglo II tenemos el testimonio de Tertuliano que habla de que en este espacio no se ayuna, sino que se vive una prolongada alegría: “el domingo de Resurrección nos abstenemos de arrodillarnos… y lo mismo hacemos también durante el espacio de pentecostés, que se distingue por la misma solemnidad de alegría” (De Oratione 23). Y el concilio de Nicea: “dado que algunos se arrodillan el domingo y los días de Pentecostés, el santo concilio establece, a fin de observarse una regla uniforme en todas partes, que se dirijan a Dios las oraciones estando de pie” (c. 20). La ausencia de ayuno y de la postura de arrodillarse quieren subrayar el carácter festivo y unitario de toda la Cincuentena.

En la reforma actual se ha vuelto a clarificar el carácter unitario de las siete semanas de Pascua. La primera semana es la “octava de Pascua”,en la que ya por tradición los neófitos reciben una formación mistagógica intensiva, terminando en el domingo de la octava, llamado “in albis”, porque ese día deponían en otros tiempos los vestidos blancos recibidos en el Bautismo de la noche pascual. Dentro de la Cincuentena se celebra la Ascensión del Señor, ahora no necesariamente a los cuarenta días de la Pascua, sino el domingo séptimo, porque la preocupación no es tanto cronológica sino teológica, y la Ascensión pertenece sencillamente al Misterio de la Pascua del Señor. Y concluye todo con la donación del Espíritu en Pentecostés, habiéndose suprimido por tanto la octava de Pentecostés, que alargaba innecesariamente el Tiempo Pascual.

La unidad de la Cincuentena queda también subrayada por las presencia de del Cirio pascual encendido en las celebraciones, y no sólo hasta la fiesta de la Ascensión, como antes, sino hasta el final del domingo de Pentecostés. Los varios domingos no se llaman, como antes, por ejemplo, “domingo III después de Pascua”, sino “domingo IV de Pascua”.

 Las celebraciones litúrgicas de esta Cincuentena expresan y nos ayudan a vivir el misterio pascual comunicado a los seguidores de Cristo.

 Las lecturas bíblicas de los ocho domingos de este Tiempo en la misa están organizadas con esta intención. La primera lectura es siempre de los Hechos de los Apóstoles, la historia de una comunidad que, en medio de sus debilidades, quiso vivir y difundir la Pascua de Cristo. La segunda lectura cambia según los tres ciclos: la primera carta de Pedro, la primera de Juan y el Apocalipsis. Los evangelios son las apariciones del Resucitado según “el evangelista del año”, y luego los evangelios de Juan referentes al Buen Pastor y la oración de despedida de la Ultima Cena.

En el leccionario final de las sietes semanas, la primera lectura es también de los hechos, y los evangelios abarcan las apariciones del Señor, y la lectura semicontinua de varios capítulos de Juan: el diálogo con Nicodemo, el discurso del pan de la vida, la parábola del Buen Pastor y la oración de la Ultima Cena.


[1] José Aldazábal, Vocabulario Básico de Liturgia, biblioteca litúrgica 3, Barcelona 2002³.

 

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