ESTACIÓN, MISA ESTACIONAL
Estación viene del latín “stare, statio”, estar de
pie, detenerse. Por eso hablamos de las estaciones
del tren o de los autobuses, y se llama estaciones a
las varias pausas y etapas del Vía Crucis y de la
procesión con el Santísimo.
El origen de “estación” parece que fue militar en el
uso romano: guardia, puesto de guardia. En el
cristianismo, ya en el siglo II se llama así a la
reunión de la comunidad los días de ayuno y oración
(miércoles y viernes). Pero sobre todo se aplicó a
las convocatorias comunitarias de Roma que,
presididas por el Papa, se tenían en determinadas
iglesias en Cuaresma. El Misal de Pío V todavía
conservaba, como recuerdo histórico, por ejemplo,
que el miércoles de ceniza había “estación en Santa
Sabina”.
Luego vino a aplicarse a toda reunión comunitaria
presidida por el Obispo, subrayando, por tanto, el
sentido teológico de una comunidad eclesial en torno
a su pastor, para celebrar
la Eucaristía, con un tono
itinerante de Iglesia peregrina. En loa Congresos
Eucarísticos internacionales, la Eucaristía conclusiva
recibe el nombre de “Statio Orbis”, la estación de la Iglesia Universal.
El Ceremonial de los Obispos invita a que,
acomodadas a cada localidad, se tengan misas
estacionales, que describe detenidamente (CE 119 –
170), recordando que son la “principal manifestación
de la Iglesia local cuando el Obispo, como sacerdote
sumo de su grey, celebra
la Eucaristía, sobre todo en la Iglesia Catedral, rodeado del
presbiterio y ministros, con participación de todo
el pueblo de Dios” (CE 119; cf. SC 41).
Además de esta importante “misa estacional”, se
aplica el término para las exequias cristianas, en
las que se recomienda hacer “tres estaciones”, en la
casa, en la Iglesia y en el cementerio,
con las dos procesiones correspondientes: de casa a la Iglesia y de la Iglesia al cementerio
(Ritual n. 4 – 9).
José Aldazábal,
Vocabulario Básico de Liturgia,
biblioteca litúrgica 3, Barcelona 2002³.
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