CUARESMA
Cuaresma viene de latín “quadragesima dies”,
el día cuadragésimo antes de Pascua. Es el tiempo de
preparación “por el que se asciende al monte santo
de la Pascua”, como lo describe el
Ceremonial de Obispos (CE 249)- empieza el miércoles
de ceniza y concluye el Jueves Santo por la tarde,
antes de la Misa Vespertina de
la Cena del
Señor, con la que se inaugura el Triduo Pascual.
La Cuaresma
se organizó a partir del siglo IV. Su historia
anterior no está muy aclarada. Parece ser que el
germen original fue el ayuno pascual de dos días, el
Viernes y Sábado antes del Domingo de Resurrección,
espacio que poco a poco se alargó a una semana,
luego a tres, y según las diversas regiones, sobre
todo en las de Oriente, como Egipto, hasta las seis
semanas o cuarenta días. En Roma ya estaba
constituida
la Cuaresma
entre el año 350 y 380.
A la hora de dar sentido a este período como
preparación a
la Pascua, influyó ciertamente el
símbolo
bíblico del número cuarenta: los episodios de
los cuarentas días del diluvio antes de la alianza
con Noé, de Moisés y sus cuarenta días en el monte,
del pueblo de Israel y sus cuarenta años por el
desierto, de Elías caminando cuarenta días hacia el
monte del encuentro con Dios, y sobre todo los
cuarenta días de Jesús en el desierto antes de
empezar su misión mesiánica, tienen de común que
este espacio de tiempo sirve de prueba, purificación
y preparación de un acontecimiento importante y
salvador. “La Iglesia se une todos los
años, durante los cuarenta días de Cuaresma, al
misterio de Jesús en el desierto” (CCE 540).
La Cuaresma
comenzaba originariamente en domingo. Pero más tarde
– siglos VI - VII – se acentúo como característica
determinante el ayuno, y como los domingos no se
ayunaba, se adelantó su inicio al miércoles anterior
al primer domingo, el que luego se llamó de ceniza,
para que a la Pascua le precedieran cuarenta días de ayuno
efectivo. Y todavía se fue anticipando más la
preparación con los domingos de Quincuagésima,
Sexagésima y Septuagésima, que en la última reforma
han quedado suprimidos.
En la liturgia hispano – mozárabe
la Cuaresma
empieza en el primer domingo con una festiva
despedida del Aleluya. La segunda parte, que
comienza en el tercer domingo, recibe el nombre de
“De Traditione” (La Pasión).
En este contexto de Cuaresma tenía lugar la última
etapa del catecumenado: los que se preparaban para
bautizarse en la noche pascual, tenían, en estas
semanas anteriores, reunidos de oración, escrutinios
y exorcismos.
El Concilio Vaticano II encargó expresamente que se
acentuaran de la Cuaresma su carácter
bautismal y penitencial, “puesto que el tiempo
cuaresmal prepara a los fieles, entregados más
intensamente a oír
la Palabra de Dios y a la oración,
para que celebren el misterio pascual, sobre todo
mediante el recuerdo o la preparación del bautismo y
mediante la penitencia” (SC 109). Ahora “la liturgia
cuaresmal prepara para la celebración del misterio
pascual tanto a los catecúmenos, haciéndolos pasar
por los diversos grados de la iniciación cristiana,
como a los fieles que recuerdan el bautismo y hacen
penitencia” (UN 27).
La nueva ordenación del Calendario (UN, de 1969),
prefirió no situar el inicio de la Cuaresma en el primer
domingo, que parecía lo más lógico, por la raigambre
que a lo largo de los siglos ha tomado el miércoles
de ceniza.
Las seis semanas de la Cuaresma se dividen en
tres etapas, marcadas por los evangelios
correspondientes: los dos primeros domingos, con las
tentaciones y la transfiguración del Señor; los tres
siguientes, con las catequesis bautismales de la
samaritana (agua), el ciego (luz) y Lázaro (vida),
propias del ciclo A, pero que se pueden seguir cada
año, aunque hay otra serie de lecturas para cada
ciclo; y finalmente el domingo sexto, llamado de
Ramos o de Pasión, que inaugura la Semana Santa.
También las primeras lecturas de estos domingos
tienen una organización interior que da un sentido
especial a
la Cuaresma,
sobre todo en el ciclo A. son seis momentos
significativos de la Historia de la Salvación:
creación del mundo, Abraham, el éxodo y Moisés,
Davis rey, los profetas, y el Siervo de Yahvé. Todo
ello ayuda a entender la Cuaresma como un camino de creciente preparación a
la celebración de la Pascua.
Las características ambientales y celebrativas de
la Cuaresma, ya desde hace siglos,
son la ausencia del aleluya en los cantos, la
austeridad en el ornato del espacio celebrativo, sin
flores ni música instrumental, el color morado de
los vestidos del sacerdote (menos en el domingo
cuarto, “Laetare”, en que puede usarse el color
rosa); los escrutinios catecumenales (el Ritual de
la iniciación de adultos pone el rito de “elección”
para la última etapa catecumenal en el primer
domingo de Cuaresma, y a partir de ahí varias
reuniones de escrutinios); las misas estacionales en
torno al propio obispo, originadas en Roma pero
recomendadas para otras Iglesias en las que parezcan
convenientes; el ejercicio del Via Crucis; la
“confesión pascual”, la celebración del sacramento
de la Reconciliación
como preparación inmediata a
la Pascua…
Una buena motivación y descripción de
la Cuaresma
y su pastoral es la que nos proporciona la “Carta
sobre las fiestas pascuales”, del año 1988 (CFP 6 –
26: E 4449 - 4469).
José Aldazábal,
Vocabulario Básico de Liturgia,
biblioteca litúrgica 3, Barcelona 2002³.
José Aldazábal,
Vocabulario Básico de Liturgia,
biblioteca litúrgica 3, Barcelona 2002³.
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