Descargar articulo completo

 

Aleluya[1]

 Del hebreo “hallelu-Yah”, alabad a Yah (vé), alabad a Dios. Es una aclamación litúrgica  que nos une con los judíos, con la generación de Jesús y con siglos y siglos de fe cristiana de Oriente y Occidente.

Esta breve palabra es cono el resumen de toda la oración de alabanza que elevaban a Dios tanto los creyentes del AT, y en el NT sobre todo en el libro del Apocalipsis (Cf. el capitulo 19).

Aunque el origen apunta a la alabanza a Dios, la palabra se ha llegado a identificar con la alegría. Decir “aleluya” es decir “alegría”. Musicalmente, la última sílaba se adornaba a menudo con una prolongación llamada de “jubilus”.

En la liturgia tiene un puesto privilegiado como aclamación antes del evangelio: “con el aleluya la asamblea de los fieles recibe y saluda al Señor que va a hablarles” (OLM 23). También en la Liturgia de las Horas tiene un momento muy expresivo: el cántico de las vísperas segundas del domingo, en que la comunidad canta el himno de las bodas del Cordero (Ap.19), salpicados de gozosos aleluyas.

Pero sobre todo tiene una resonancia especial en la Vigilia Pascual. En las iglesias del Occidente ha sido costumbre secular no cantar el Aleluya en Cuaresma. Son cuarenta días de “ayuno” de esta aclamación, que en la noche de Pascua se vuelve  a cantar solemnemente en el momento que se va a proclamar el evangelio más importante del año: el de la resurrección de Cristo.


[1] José Aldazábal, Vocabulario Básico de Liturgia, biblioteca litúrgica 3, Barcelona 2002³.

 

Descargar articulo completo

 
Atención Martes y Jueves de 10 a 12 hs. España 596 (Arzobispado)
Teléfono (0387) 4214306 – Fax (0387) 4213101
 

Comisión Arquidiocesana de Liturgia - Año 2008

Arzobispado de Salta