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Vamos a reflexionar sobre las Secuencias. Nos
preguntamos ¿qué son, cuándo se cantan, cuál es el
modo apropiado y en que momento debemos hacerlo?
La palabra viene «sequentia» y quiere decir “las
cosas que siguen”, lo que continúa y se designa así
al canto que sigue en algunas ocasiones a la
aclamación del «aleluya» antes del evangelio.
Vamos a ir un atrás en su historia, a partir del
siglo XII, se empezaron a componer, a continuación
del aleluya, cantos poéticos con melodía popular y
varias estrofas.
En el Misal de san Pío V había varias fiestas y
ocasiones en que se incluían estos himnos poéticos,
para ser cantados o recitados antes del evangelio.
Las rúbricas de este Misal prescribían que la
secuencia se cantara después del salmo gradual y del
aleluya con su versículo, pero antes de la
repetición del aleluya. Originariamente parece que
las secuencias eran una prolongación de los
sentimientos del versículo del aleluya.
Este papel de la secuencia como un himno de
meditación hizo que se cantara sentados y no de pie
como preparación al evangelio, porque sino se
hubiera cantado de pie.
En la reforma actual el Misal y el Leccionario solo
han conservado dos secuencias como obligatorias: La
del Domingo de Pascua
(Victimae
Paschali laudes) y la de Pentecostés (Veni,
Sancte Spiritus), como dice la OGMR 64. Las otras dos
secuencias: La de la solemnidad de Corpus
(Lauda Sion
Salvatorem) y la de Nuestra Señora de los
Dolores (Stabat
Mater dolorosa) han quedado como opcionales.
Las secuencias las debemos ver como una bienvenida
al evangelio más que como una meditación a la
lectura anterior. Es una aclamación prolongada, a
modo de himno, preparando el evangelio en estas
ocasiones especiales.
La versión definitiva del Misal del año 2002 nos
dice que: «la secuencia se canta
antes del
aleluya» OGMR 64, por lo tanto vemos claro que la
postura de la asamblea es la de
sentados,
no de pie, ya que la postura de pie corresponde al
momento de aleluya.
La secuencia es un canto de la asamblea, por eso lo
ideal es cantarla toda íntegra o por lo menos alguna
de sus partes. Cuando se reduce a un recitado del
texto poético, que es largo, puede cansar a la
asamblea, que ya viene de toda una primera parte de
la celebración “demasiado verbal”. No olvidemos el
texto de la secuencia recordando que la misma no
está pensada para ser recitada sino cantada.
En cuanto a la melodía, es válida la música
gregoriana, pero tambien es válido aplicarle al
texto una melodía que sea fácil de seguir.
Lo que conviene también es hacer una breve monición
que nos introduzca al canto de la secuencia y que
explique el sentido de la misma, para que la
asamblea descubra la riqueza de este canto y no lo
vea como un apéndice o asista a la misma como un
mudo espectador.
Es importante rescatar este canto, en estos días
especiales para que puedan “celebrarse de un modo
especial”, por eso nuestro reto es usar la herencia
litúrgica de un modo creativo para enmarcar la
proclamación de la Buena Noticia
de Cristo, el Señor.
Hasta cada eucaristía.
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