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Al preguntarnos ¿cómo
debemos formular las intenciones de la Oración
Universal u Oración de los fieles? Obviamente nos
vamos a la Ordenación General del Misal Romano (OGMR),
en los n. 69-71, la misma, no nos da una respuesta
concreta, entonces para comprender la forma
literaria de estas oraciones, debemos tomar como
ejemplo las que encontramos en el mismo Misal.
Lo primero que debemos
decir es que la Oración Universal fue restaurada por
el Concilio (SC 53) y concluye la primera parte de
la celebración es decir la Liturgia de la Palabra.
La OGMR nos describe
su identidad y su finalidad teológica y espiritual:
-
«El pueblo
responde de alguna manera a la Palabra de Dios
acogida en la fe»;
-
El pueblo «ejerce
su sacerdocio bautismal» y como sacerdotes y
mediadores «ofrecen a Dios sus peticiones por la
salvación de todos».
-
Estas peticiones
normalmente se refieren a «la santa Iglesia, los
gobernantes, los que sufren alguna necesidad y
todos los hombres y la salvación de todo el
mundo»
Lo segundo que debemos
aclarar son los términos, es decir cuando nosotros
usamos el término «peticiones», el Misal usa la
palabra «intenciones» (OGMR n. 71. 177 y 197).
Entonces la «intención» es un tema o una
invitación para la oración, así tambien esta
palabra la usamos por ejemplo cuando se pide que una
misa se ofrezca por una determinada «intención».
Hay dos lugares en el
Misal en donde podemos encontrar ejemplos, de cómo
es esta Oración Universal. Uno en la liturgia del
Viernes Santo y el otro en el apéndice que contiene
textos compuestos cuando el Misal Romano fue
revisado.
El estilo literario de
la «intención» es que es una invitación dirigida a
la comunidad más que una oración dirigida a Dios. Es
decir que el diácono u otro ministro, distinto
del presidente, se dirige a la comunidad y le
sugiere las intenciones.
Así descubrimos que,
la
verdadera «oración de los fieles», sucede cuando
la asamblea ora en silencio o canta una respuesta
común como «Te lo pedimos, Señor» o «Escucha, Señor
nuestra oración» o «Kýrie, eleison» o textos
semejantes dirigidos a Cristo o a Dios Padre.
En el n. 71 de la OGRM
se describe el modo de realizar esta oración:
-
Bajo la dirección
del presidente de la celebración, desde la sede,
dice una invitación inicial y la oración
conclusiva.
-
Otra persona
(diácono, cantor, lector, fiel laico) dice las
intenciones.
-
El pueblo de pie
(es oración sacerdotal) responde con la
invocación señalada a cada intención, o rezando
en silencio.
-
Las intenciones
deben ser sobrias, compuestas con sabia
libertad y en pocas palabras, que
expresen la súplica de toda la comunidad y
evitando intenciones demasiados particulares.
-
En cuanto al
lugar, es la sede, para el presidente de la
celebración y el ambón u otro lugar conveniente
para el que pronuncia las intenciones. Y nos
preguntamos ¿por que desde el ambón? Porque
forma parte de la Liturgia de la Palabra.
-
Otro elemento
importante, que a veces nos cuesta poner en
práctica, es lo que nos indica el n. 69 de la
OGMR al decirnos que es conveniente, que esta
oración se haga normalmente en las Misas
a las que asiste el pueblo. A veces solo hacemos
la Oración Universal los domingos o en las
fiestas o solemnidades y el hecho de hacerla
solamente en estos días es algo que debemos
superar.
Lo que debemos evitar
es lo siguiente:
-
La tendencia a
convertir la intención en una mini-homilía, con una
complicada estructura gramatical, que más que
inspirar la oración de la comunidad la confunde.
Debemos alejarnos de la tentación del verbalismo en
la celebración.
-
Evitar que la
respuesta a cada intención sea demasiando extensa y
se agregue lo que muchas veces escuchamos: «Por
Maria, escúchanos Señor» o «Por San Antonio, te
rogamos…», nunca debemos introducir nuestras
devociones en la celebración eucarística, que es
alabanza y glorificación al Padre por Cristo, el
único mediador, en el Espíritu Santo; sin olvidar
que la oración es dirigida a Dios Padre o a Cristo,
nunca a Santa María o a los santos. El rito romano,
nuestro rito, se caracteriza por ser sobrio, breve y
simple y en la simplicidad está la belleza.
Concluimos diciendo, que las
acciones litúrgicas, «no son acciones privadas, sino
celebraciones de la Iglesia, que es sacramento de
unidad»
y estamos invitados a una participación activa en
nuestras celebraciones, que debe ir sustituyendo a
la forma de asistir pasiva, muda y a menudo,
desinteresada de muchas de nuestras asambleas, pero
esta participación activa no puede, ni debe ser
confundida con un “activismo” puramente exterior.Entonces,
sabiendo «estas cosas», con mucha valentía y
docilidad, a ponerlas en práctica.
Hasta cada eucaristía.
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