Las devociones y la eucaristía

La pregunta esta vez, es referente a algo que lamentablemente, de manera equivocada se está introduciendo en las celebraciones eucarísticas, ¿podemos conjugar con la eucaristía diaria algunas devociones o novenas como la de San José, Sagrado Corazón de Jesús, San Expedito, Santa Rita o los primeros viernes? solo por nombrar algunas ¿o hay que recitarlas necesariamente antes o después de la celebración?[1]

El Concilio Vaticano II, en la Sacrosanctum Concilium va a hablarnos de las “devociones populares” y las recomienda, con tal que sean conformes a las normas de la Iglesia. La SC nos advierte que tales devociones deben “armonizarse” con:

  • Los tiempos litúrgicos.

  • Estar de acuerdo con la liturgia, es decir derivar, en cierto modo de ella y conducir al pueblo a ella. Y la razón es que «la liturgia, por su naturaleza está muy por encima de ellas» (SC 13).

Aquí entendemos liturgia como la oración oficial de la Iglesia, o sea, del Cuerpo de Cristo unido a su cabeza, Cristo, que juntos alaban y adoran al Padre, guiados por el Espíritu (SC 7).

La liturgia no se identifica sólo con la Eucaristía y con los otros sacramentos, porque hay otros ritos, en particular la Liturgia de las Horas, que son también oración pública y liturgia de la Iglesia, que muchas veces no la tenemos en cuenta, sobre todo en nuestras  celebraciones comunitarias.

Pablo VI, en su exhortación apostólica Marialis Cultus del año 1974, nos advertía en relación a las “novenas y parecidas prácticas de piedad”, de la inclinación de algunos a insertar oraciones devocionales dentro de la eucaristía y nos sugiere que nunca hay que convertir la eucaristía, en ocasión para las prácticas devocionales. «Expresamente encontramos que los ejercicios de piedad deben armonizarse con la liturgia y nunca mezclarse en ella» (MC 31).

En el año 2001 la Congregación para el Culto Divino publicó un Directorio sobre la piedad popular y la liturgia, que muchos no lo conocen y el mismo establece claramente: «La diferencia entre los ejercicios de piedad y las prácticas de devoción respecto de la liturgia debe hacerse visible en las expresiones cultuales. Los actos de piedad y de devoción encuentran su lugar propio fuera de la celebración de la Eucaristía y de los otros sacramentos». (n. 13. 70-75).

En muchos lugares nos encontramos, y es parte de nuestra realidad, con devociones y tradiciones antiguas asociadas a determinados tiempos del año, como nuestras novenas de la Virgen o de otros santos, o con días de la semana. Estas devociones están unidas, muchas veces a alguna obra de arte que se conserva en la iglesia o en un santuario.

Por desgracia, algunas de estas devociones usan textos y una estructura que son claramente anteriores al Concilio Vaticano II y que obviamente no la podemos cambiar, en algunos casos. Entonces el desafío pastoral de una comunidad está en canalizar las energías espirituales y la piedad de nuestros fieles de modo que vayan creciendo, ayudados por la devoción a la Virgen o a Cristo o los santos, a comprender que las devociones son secundarias en comparación con las fuentes primarias de la gracia de Dios que son la celebración de la Eucaristía y otros actos litúrgicos.

En definitiva las devociones nos tienen que llevar a la Eucaristía y no alejarnos de ella, como a veces sucede, una especie de “divorcio” entre estas y la liturgia.

Fieles a las directrices de los documentos citados, los que programan la vida litúrgica de una comunidad, en lo práctico ¿qué deberíamos a hacer? Podemos sugerir lo siguiente:

  1. Evitar mezclar las devociones y sus oraciones con la misa, por muy apreciadas que sean.

  2. Buscar la forma de armonizar las prácticas de piedad con la celebración eucarística.Eso significa, por ejemplo que se haga alusión a la devoción en la homilía o en la oración universal, a la luz de la Palabra de Dios, propuesta para ese día.

  3. Si la devoción es cristocéntrica, se puede armonizar las oraciones, usándolas en otra celebración, como por ejemplo, en una exposición eucarística.

  4. Es mejor mantener la diferencia entre las celebraciones litúrgicas y las oraciones o prácticas devocionales. Se puede dar el momento de oración de la novena en una celebración aparte de la eucaristía.

  5. Sería bueno dar a esa celebración un formato donde se proclame la Palabra de Dios y unas oraciones de intercesión.

  6. Podemos rezar las novenas antes o después de la celebración eucarística, pero no dentro de la misma, ya que es impropio mezclar textos litúrgicos con oraciones de devoción, lo mismo que bendecir a los fieles con la imagen de la Virgen o un santo.

Todo esto, quizá nos resulte un poco duro, pero es necesario purificar muchas prácticas en nosotros, que nos alejan de los principios objetivos de la reforma del Concilio Vaticano II.

Podemos y debemos hacer bien las cosas, así se enriquecerá  mutuamente la liturgia de la Iglesia y los ejercicios piadosos de la piedad popular, tan rica y querida.

Es cuestión de ser fieles a los principios de la reforma litúrgica y no dejarnos llevar por subjetivismos y arbitrariedades.

Este es un aspecto conflictivo, el de armonizar liturgia con los ejercicios piadoso-devocionales de nuestro pueblo, pero con un poco de esfuerzo el resultado puede ser valioso, sobre todo para nuestro pueblo, que debe volver a comprender y entender que “todo” debe llevarnos al misterio de la Pascua de Jesús que celebramos en la eucaristía y ser celebrado en lo cotidiano.

Todo un desafío, no? Entonces manos a la obra, hay mucho por crecer y hacer.

 Hasta cada eucaristía.


[1] Para esta reflexión tomaremos como texto base a: R. GONZÁLEZ, Piedad popular y Liturgia, Dossiers CPL 105, Barcelona: 2005.

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