Significado de los gestos y palabras en la imposición de la ceniza.

Los signos penitenciales I Los signos penitenciales II

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Cuaresma: Significado de los gestos y palabras en la imposición de la ceniza.

El pasado 25 de febrero hemos iniciado el ciclo de la Cuaresma con la bendición e imposición de la ceniza.

Recordemos que este rito hoy es realizado, sobre todos los fieles, en la liturgia romana antigua se realizaba únicamente sobre los penitentes públicos, pero al desaparecer  prácticamente la penitencia pública, se fue generalizando la costumbre de imponer la ceniza sobre todos los fieles.

El uso de la ceniza como signo de conversión, tristeza o caducidad de la vida, tiene una larga tradición religiosa. Encontramos referencias a las cenizas (algunas veces con específica alusión a su imposición sobre la cabeza), por ejemplo en 2 Samuel (13,19), el libro de Judit (4,11), el de Ester (4,1), el de Jonás (3,6) y el primer libro de los Macabeos (3,47). En el texto de los Macabeos leemos que “la asamblea asperjó cenizas sobre sus cabezas y rasgó sus vestiduras”.

Los textos litúrgicos hablan de las cenizas como signo de nuestra conversión, relacionando así el rito con la tradición bíblica de mostrar visiblemente a los demás el propio compromiso de cambio de conducta.

 Este rito ha sido un poco modificado después del Concilio Vaticano II:

Antes del Concilio era un rito que tenía lugar fuera de la Misa.

Hoy se lo ha ubicado, muy oportunamente, en el interior de la misma, entre la liturgia de la Palabra y la liturgia Eucarística (aunque se admite también, celebrarlo de manera independiente). 

Otra de las variantes del actual Misal es la posibilidad de escoger o ir alternando una doble fórmula:

Recuerda hombre, que eres polvo y en polvo te convertirás (tomada del Misal anterior). O bien:

“Conviértete y cree en la Buena Noticia”.

Estas variantes, introducidas como alternativas, han influido en que algunos se hayan sentido autorizados a incorporar algunas otras variantes y que tienden a hacerse comunes, entre estas, hay especialmente una: la de repetir la imposición de la ceniza el domingo siguiente (I de Cuaresma), se podría discutir sobre esto, pero si hay algo que es cierto, es que este gesto es ilícito ya que como afirmó el Concilio Vaticano II (SC Nº 22.26), nadie por iniciativa propia, puede añadir ni suprimir nada en la Liturgia. Es verdad que la Santa Sede ha permitido a algunas diócesis repetir el rito de la ceniza pero en algunas de las ferias siguientes al miércoles de ceniza, pero esto únicamente puede concederlo la Santa Sede. 

Además una cosa es repetir la imposición de la ceniza en una feria cuaresmal y otra distinta trasladar el rito (radicalmente penitencial) a un domingo, día en el que no cuadran ritos marcadamente penitenciales.

 Volviendo al tema del doble simbolismo que tienen los textos, descubrimos claramente que son símbolo de nuestra fragilidad y mortalidad (“Recuerda hombre, que eres polvo y en polvo te convertirás”) y a la vez simbolizan la reorientación de nuestras vidas conforme a los caminos de Dios (“Conviértete y cree en la Buena Noticia”). Es importante entonces, aprovechar este día y este momento, este tiempo en definitiva, para que todos nos demos cuenta, por una parte, que nadie está inmune a la realidad de “convertirnos en polvo” y por otra parte, el deber de ayudarnos unos a otros a aprender a “creer en la Buena Noticia”.

El problema que existe en un rito como el de la imposición de la ceniza es que, en ciertas culturas y mentalidades, y no nosotros no estamos exentos de esto, el momento este revestido con una devoción que raya la superstición.

Los ritos litúrgicos son acciones de fe que tienen la intención de alimentar y fortalecer nuestra fe: nunca mágicas o por mera costumbre, la imposición de la ceniza significa y debe serlo para nosotros, el comienzo de un tiempo de oración y conversión, más que un amuleto que de alguna manera nos hace santos.

La recepción de la ceniza no tiene que verse nunca como un fin en sí mismo, porque quiere señalar el inicio de un camino anual de oración, penitencia y limosna en preparación para la Pascua.

Hay algo más importante que la imposición de la ceniza: es la participación plena en el misterio de la muerte y resurrección de Cristo, un misterio al que somos íntimamente asociados por nuestro Bautismo y a vivirlo cada día.

Al redescubrir estos significados de los gestos y palabras de este rito, es momento para prepararnos a “caminar” durante estos cuarenta días con un espíritu y mentalidad nuevas.

Hasta cada eucaristía. 

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Cuaresma: Los signos penitenciales I

Al aproximarse el inicio de la Cuaresma nos parece importante recordar con fuerza, la importancia y el valor de los signos litúrgicos. Así nos lo recuerda el Concilio Vaticano II: «Los sacramentos, nos dice el texto conciliar, no sólo dan la gracia, sino que son también signos que manifiestan la fe». (Cf. SC Nº 59).

No olvidemos que, no solamente son signos los llamados siete Sacramentos, sino que todo el conjunto de la liturgia está formada por signos externos, que nos hacen visible el Misterio de Cristo.

Estos signos, continúa diciéndonos el Concilio, deben expresar con claridad las cosas santas que contienen (Cf. SC Nº 21).

Con estos presupuestos, vamos a recordar los signos que deben acompañar al tiempo de Cuaresma, en concreto.

Lo primeros que tenemos que decir es que, la Cuaresma tiene como finalidad, ayudar a los fieles a prepararse para la Pascua, es decir pasar de la muerte a la vida en el espíritu, del pecado a la santidad, de la tristeza del pecado a la alegría pascual, es necesario entonces que velemos y cuidemos los signos externos, llamados a manifestar este tiempo de “paso”.

Entre los signos cuaresmales, sobresale la supresión de ciertos elementos más festivos, la norma de la Iglesia nos exige, no solo es una invitación o sugerencia como a veces se cree o piensa, algunas normas de austeridad obligatorias, como por ejemplo:

-          La supresión total del canto del Aleluya (incluso en las solemnidades, como la de San José), por supuesto vamos a la OGMR, en el Nº 62, nos dice que esta aclamación constituye de por sí un rito o un acto con el que la asamblea de los fieles acoge y saluda al Señor que les va a hablar en el Evangelio y profesa su fe con el canto. Mas adelante nos dirá que el Aleluya se canta en todos los tiempos litúrgicos, fuera de la Cuaresma, agrega además que el tiempo de Cuaresma, en lugar del Aleluya se canta el verso que presente el Leccionario antes del Evangelio o puede cantarse también otro salmo.

-          El Gloria, nuevamente vamos a la OGMR, en el Nº 53.37, nos da una buena definición del mismo, explica cuándo y cómo se canta, señalándonos también, su valor de rito, al igual que el Aleluya. Expresa claramente, en este número, que se canta o se recita los domingos, fuera de los tiempos de Adviento y de Cuaresma.

-          Las flores, durante la Cuaresma está prohibido poner flores en o sobre el Altar, esto lo expresa también la OGMR en el Nº 305, lo encontramos de manera explícita, «se prohíbe adornar el altar con flores durante el tiempo de Cuaresma, excepto el domingo lætare (IV de Cuaresma), las solemnidades y fiestas».

Suprimir las flores no es una simple observancia, ni solo una norma a cumplir porque está mandado, sino un verdadero medio para significar el paso de la vida vieja a la novedad de vida que nos trae la Pascua.

La austeridad de la flores debe alcanzar también al lugar de la Reserva (Sagrario) ya que la Eucaristía debe manifestar siempre su relación con la Misa en la que fue consagrada (Cf. Ritual de la Sagrada Comunión y Culto Eucarístico fuera de la Misa Nº 58.82).

El simple hecho de entrar en la iglesia en los días cuaresmales y verla despojada de adornos y austera, ayudará a los fieles a suscitar el deseo de las fiestas pascuales, de que llegue finalmente el triunfo del Resucitado.

En estos días orar ante el Señor presente en la Eucaristía, “despojado de adornos y flores”, deberá intensificar nuestro deseo de renovación y cambio, nuestro deseo de que llegue finalmente el tiempo de “las flores, de la fiesta de la Vida Nueva”.

Cuando descubrimos y entendemos el profundo significado de la norma, entonces brota el sentido espiritual de la misma y porque la debemos hacer, allí dejamos de lado “nuestros caprichos y excusas”, como por ejemplo poner flores moradas (¡!), adornando la mesa y el aula eucarística, durante la Cuaresma.

-          Otras sugerencias para las comunidades, serían como por ejemplo: usar manteles y vasos sagrados lo más sobrios y simples posibles, iluminar el altar con la menor cantidad de velas, durante las ferias de cuaresmas omitir el canto de algún versículo penitencial antes del Evangelio (cuánto nos ayudará el silencio antes de la proclamación del Evangelio a vivir la austeridad incluso en el canto), eso si los Domingos de Cuaresma es conveniente cantar la aclamación que figura en el Leccionario.

Los cantos distintos y apropiados, marcadamente sobrios con melodías y letras simples, penitenciales constituyen un medio eficaz para recordar e invitar a vivir  la penitencia propia de estos días, no olvidando que está prohibido durante este tiempo ejecutar la música instrumental (Cf. Instr. Musicam Sacram Nº 66).

Para terminar, debemos afirmar con fuerza como lo hace el Concilio, que no expresar en las celebraciones de Cuaresma y Pascua su simbolismo de cambio y reducirlas a un simple conjunto  de práctica simplemente piadosas, pero lejanos del espíritu sacramental de la liturgia, es empobrecer su finalidad, que es la de vivir la Vida nueva del misterio Pascual que celebramos en cada eucaristía.

Entonces con valentía, manos a la obra.

 

Hasta cada eucaristía.

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Cuaresma: Los signos penitenciales II

Recordando lo que habíamos compartido en el número anterior acerca de la importancia y el valor de los signos litúrgicos como lo propone el Concilio Vaticano II, sería importante intentar recuperar las Letanías de los Santos en las Misas dominicales de Cuaresma, que por una parte es muy tradicional (Cf. Ceremonial de los Obispos Nº 260.261) y por otra muy propio y expresivo, sobre todo de insertar y subrayar el papel de los santos en el camino de renovación cuaresmal.

En efecto la Iglesia, en su lucha por vencer el mal y configurarse mejor al ideal de la santidad que propone el Evangelio encuentra en los santos el modelo para su combate y ejemplo para el camino pascual que propone a sus hijos.

Durante los Domingos de Cuaresma podemos cantar las Letanías de los Santos, con el sentido y significado expresado arriba.

El esquema sería así:

  1. Monición de ambientación del monitor o guía.

  2. Entrada en silencio.

  3. El presidente al llegar al Altar hace reverencia, lo besa y se dirige a la Sede.

  4. Saludo inicial.

  5. Inicio del canto de las Letanías.

  6. Terminadas las invocaciones y omitido el acto penitencial, sin decir «Oremos», añade la Oración Colecta del Domingo correspondiente y la Misa continúa como habitualmente, con la proclamación de las Lecturas.

Proponemos el texto: 

I

SUPLICA A DIOS

Señor, ten piedad

Señor, ten piedad

Cristo, ten piedad

Cristo, ten piedad

Señor, ten piedad

Señor, ten piedad

II

INVOCACIÓN DE LOS SANTOS

Santa María, ruega por nosotros.

Santa Madre de Dios, ruega…

Santa Virgen de las vírgenes, ruega…

Santos Miguel, Gabriel y Rafael, rueguen…

Todos los santos Ángeles, rueguen…

Patriarcas y profetas

San Abraham, ruega…

San Moisés, ruega…

San Elías, ruega…

San José, ruega…

San Juan Bautista, ruega…

Todos los santos patriarcas y profetas, rueguen…

Apóstoles y discípulos

Santos Pedro y Pablo, rueguen…

San Andrés, ruega…

Santos Juan y Santiago, rueguen…

Santo Tomás, ruega…

San Mateo, ruega…

Todos los santos apóstoles, rueguen…

San Lucas, ruega…

San Marcos, ruega…

San Bernabé, ruega…

Santa María Magdalena, ruega…

Todos los santos discípulos del Señor, rueguen…

Mártires

San Esteban, ruega…

San Ignacio de Antioquia, ruega…

San Policarpo, ruega…

San Justino, ruega…

San Lorenzo, ruega…

San Cipriano, ruega…

San Bonifacio, ruega…

Santo Tomás Becket, ruega…

Santos Juan Fischer y Tomás Moro, rueguen…

San Pablo Miki, ruega…

San Pedro Chanel, ruega…

San Carlos Lwanga, ruega…

Santas Perpetua y Felicidad, rueguen…

Santa Inés, ruega…

Santa María Goretti, ruega…

Todos los santos mártires, rueguen…

Obispos y doctores

Santos León y Gregorio, rueguen…

San Ambrosio, ruega…

San Ildefonso, ruega…

San Jerónimo, ruega…

San Agustín, ruega…

San Atanasio, ruega…

Santos Basilio y Gregorio Nazianceno, rueguen…

San Juan Crisóstomo, ruega…

San Martín, ruega…

San Patricio, ruega…

Santos Cirilo y Metodio, rueguen…

San Carlos Borromeo, ruega…

San Francisco de Sales, ruega…

San Pío décimo, ruega…

Presbíteros y religiosos

San Antonio, ruega…

San Benito, ruega…

San Bernardo, ruega…

Santos Francisco y Domingo, rueguen…

Santo Tomás de Aquino, ruega…

San Ignacio de Loyola, ruega…

San Francisco Javier, ruega…

San Vicente de Paúl, ruega…

San Juan María Vianney, ruega…

San Juan Bosco, ruega…

San Luis Gonzaga, ruega…

Santa Catalina de Siena, ruega…

Santa Teresa de Jesús, ruega…

Santa Rosa de Lima, ruega…

Laicos

Santa Mónica, ruega…

Santa Isabel de Hungría, ruega…

San Juan Diego, ruega…

Todos los santos y santas de Dios, ruega…

III

INVOCACIÓN A CRISTO

Muéstrate propicio, líbranos, Señor

De todo mal, líbranos…

De todo pecado, líbranos…

De las insidias del diablo, líbranos…

De la ira, del odio y de toda mala voluntad, líbranos…

De la muerte eterna, líbranos…

Por tu natividad, líbranos…

Por tu bautismo y por tu santo ayuno, líbranos…

Por tu cruz y tu pasión, líbranos…

Por tu muerte y tu sepultura, líbranos…

Por tu santa resurrección, líbranos…

Por tu admirable ascensión, líbranos…

Por el envío del Espíritu Santo, líbranos…

Por tu glorioso advenimiento, líbranos…

IV

SÚPLICAS PENITENCIALES 

Para que perdones nuestras culpas, te rogamos, óyenos

Para que nos concedas una verdadera penitencia, te rogamos…

Para que eleves nuestros corazones a desear las cosas celestiales, te rogamos…

 

V

CONCLUSIÓN

Cristo, óyenos

Cristo, óyenos

Cristo, escúchanos

Cristo, escúchanos

La oración de la Iglesia en la Cuaresma es rica, por eso es necesario dejarse modelar por esta oración eclesial, para entrar plenamente en la espiritualidad de la Iglesia en este tiempo. Aquí los santos que invocamos en las letanías son, como hemos dicho, el modelo para la lucha contra el espíritu del mal y ejemplo para caminar en este tiempo que nos lleva hacia el corazón del año litúrgico que es la Pascua.

Entonces con valentía y confianza debemos animarnos a invocar a nuestros amigos en este tiempo, especialmente los Domingos. Ya nos los dice el Papa Benedicto XVI «…no estamos solos, estamos rodeados, guiados y conducidos por los amigos de Dios...Todos nosotros somos la comunidad de los santos; nosotros, bautizados en el nombre del Padre, del Hijo y del Espíritu Santo; nosotros que vivimos del don de la carne y de la sangre de Cristo, por medio del cual quiere transformarnos y hacernos semejantes a si mismo»[1]. 

Hasta cada eucaristía.


[1] Benedicto XVI. Homilía en la Misa del inicio del Ministerio Petrino del Obispo de Roma. 24 de Abril de 2005.

 
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Comisión Arquidiocesana de Liturgia - Año 2008

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