La aspersión con agua bendita al inicio de la celebración eucarística

El rito de la aspersión con agua bendita es un gesto que se hacía ya desde hace siglos al comienzo de las Misas solemnes, y ahora se nos invita a hacerlo con mayor expresividad en todas las misas dominicales, siguiendo uno de los tres formularios que el Misal ofrece. Allí le pedimos a Dios que renueve en nosotros la gracia con que nos llenó el día de nuestra incorporación a Cristo y su Iglesia cuando fuimos bautizados.

La OGMR recomienda que los días domingos, sobre todo en el Tiempo Pascual, en lugar del acto penitencial acostumbrado, puede hacerse la bendición y aspersión del agua en memoria del Bautismo (n. 51).

El Ceremonial de los Obispos también nos lo recomienda: «los días domingos, en lugar del acostumbrado acto penitencial, es laudable que se haga la bendición y aspersión con agua». (CE 133).

 ¿De qué manera lo podemos hacer?

En primer lugar, tenemos que catequizar para que nuestras comunidades puedan experimentar y entender lo que significa la bendición y aspersión del agua bautismal para una persona y la comunidad.

La aspersión con agua bendita es un rito que puede ayudar a que la celebración consiga un mejor equilibrio entre palabras y gestos. Nos ayuda también a que los ritos de entrada se orienten hacia la alabanza y la alegría.

Pero no debemos olvidar que se trata de un rito de apertura y nunca debe restar importancia a la celebración de la Palabra y a la participación en la Eucaristía.

 Pidiendo a Dios que renueve en nosotros la gracia con que nos llenó el día de nuestra primera incorporación a Cristo y su Iglesia, el sacerdote se asperja a sí mismo, luego a los ministros más cercanos y después a la comunidad  mientras se canta un canto bautismal.

En cuanto al canto, durante este rito debemos coordinarlo con los otros cantos del rito de apertura, la opción es elegir un canto que pueda usarse tanto para la entrada como para la aspersión, siguiendo sus estrofas, para no extender demasiado este momento.

Este rito lo podemos hacer también cuando se celebran las Confirmaciones o en el aniversario de la Dedicación del Templo, ya que las mismas tienen una relación estrecha con nuestro ser bautismal.

En definitiva, este gesto nos sirve para simbolizar expresivamente lo que Cristo y su salvación son para nosotros; Nos recuerda que todo queda incorporado al Señor de la Pascua, el Señor de la historia.

Entonces, a valorar y realizar este gesto, que tanto nos dice.

 Hasta cada eucaristía.

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Comisión Arquidiocesana de Liturgia - Año 2008

Arzobispado de Salta