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“Vayan y hagan que todos los pueblos
sean mis discípulos...” (Mt 28,19)
La exhortación de Jesús a evangelizar a todos los hombres
no es una discreta invitación sino un auténtico llamado
a realizar nuestra vocación.
La Iglesia, fiel a este llamado, renueva constantemente su compromiso
evangelizador a través de innumerables obras de promoción
humana, de asistencia social, de formación, de atención espiritual
y sacramental. Cada comunidad trabaja por fortalecer sus lazos y vivir
la comunión, brindar los sacramentos, hacer crecer sus instituciones,
mantener su parroquia, misionar en el barrio, asistir a los más
necesitados...
Esta enorme acción pastoral es posible gracias a la generosa participación
de miles de personas que brindan su tiempo, su entusiasmo, su saber hacer
y que colaboran desinteresadamente con dinero o bienes materiales.
Pero, así como es mucho lo que como Iglesia hacemos, también
es mucho lo que no podemos realizar: a veces nos falta gente, otras no
contamos con personas preparadas para tareas específicas, a veces
no logramos organizarnos, nos suelen faltar recursos materiales, y generalmente
no tenemos suficiente plata para atender la creciente demanda de la realidad.
Por lo tanto, llevar adelante la obra evangelizadora, supone buscar
caminos, también “evangelizadores” para sostenerla
y hacerla crecer.
Este tema del sostenimiento estaba planteado entre los obispos desde
hace algunos años, y en 1996 se encomienda al Consejo de Asuntos
Económico del Episcopado que estudie la cuestión. Se conforma
un equipo de trabajo, se desarrolla una propuesta denominada entonces Proyecto
Compartir, y meses después comienza a aplicarse en cuatro diócesis
como experiencia piloto.
A la luz de las experiencias positivas, en 1997 la Conferencia Episcopal
aprueba por unanimidad las líneas generales de Compartir. También
aprueba el Planteo General para la Reforma Económica de la Iglesia
en Argentina, donde se propone “asumir como idea madre de la solución
la formación de una nueva conciencia en el pueblo de Dios –fieles
y pastores- en cuanto a la comunión de bienes y a la manera de recaudarlos
y administrarlos” (nº9) y se invita a las diócesis a
sumarse al proyecto Compartir (Nº 10).
Compartir nació así para una dar respuesta al problema del
sostenimiento de la obra evangelizadora, con la idea de crear una nueva
conciencia y de formar agentes de pastoral. Los obispos entendieron que
este problema no era sólo económico sino fundamentalmente
catequístico, y decidieron actuar sobre la causa y no sobre el efecto
inmediato.
Al año siguiente, la Conferencia Episcopal explicita el fundamento
teológico-pastoral del ya denominado “Plan Compartir”,
a través de la Carta Pastoral “Compartir la Multiforme Gracia
de Dios”, y comienzan a sumarse nuevas diócesis.
Desde entonces los obispos han ratificado en varias oportunidades
la importancia de Compartir (como por ejemplo, en las Asambleas Plenarias
de abril de 2002 y noviembre de 2003) y han buscado darle mayor impulso
a través de las renovadas líneas pastorales de Navega Mar
Adentro (explícitamente en Nº 63 y 89)
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