Por experiencia, constatamos que cuando una comunidad asume el proyecto
como propio, puede lograr en el mediano plazo: Una nueva mirada de su misión,
mayor conciencia de corresponsabilidad, espíritu solidario, mejor
organización e integración, mayor participación y
comunicación, incorporación de nuevos miembros, aumento en
la recaudación por colectas, incremento en las contribuciones familiares,
buena organización administrativa y transparencia en la administración
de los bienes.
Naturalmente, estos resultados no son mágicos y se logran a través
de un esfuerzo comunitario no exento de dificultades inherentes a todo proceso
de cambio. Pero el común denominador de estos logros está dado
por la firme voluntad de realizar este espíritu renovado, la planificación
en el tiempo, el trabajo en equipo, la claridad en lo que se quiere, y la perseverancia.
La experiencia acumulada en distintos lugares de nuestro país es riquísima,
y se vuelca a su vez en las nuevas diócesis y parroquias que se van sumando
a la propuesta. De este modo, el propio Compartir resulta también un fruto
de este espíritu de comunión de bienes entre comunidades, que comparten
experiencias, visiones, talentos, materiales, logros y dificultades que permiten
el enriquecimiento.
En el 2003 realizamos una profunda evaluación de la marcha del plan, de
la que participaron medio centenar de obispos y otros tantos agentes pastorales
(laicos, sacerdotes y religiosos) de 20 diócesis en las cuales Compartir
se está trabajando.
Todos, en líneas generales, han valorado positivamente del plan, su espíritu
y herramientas concretas, sus materiales y capacitaciones.
Destacan que Compartir:
- Mejora la acción evangelizadora y contribuye al sentido de Iglesia
y de pertenencia de los fieles,
- Genera mayor participación, solidaridad y comunión,
- Permite el ordenamiento, trabaja integralmente con la pastoral, genera
interés, disposición y compromiso de quienes lo impulsan
y aumenta los aportes de los fieles.
Las dificultades más comunes surgidas
en la implementación de Compartir son:
- El poco compromiso del clero,
- La falta de laicos preparados y/o perseverantes ,
- Dificultades culturales y de estructura.
Esta evaluación sirvió de base
para una nueva revisión del plan a fin de mejorarlo:
- Se asumió la necesidad de un fuerte protagonismo de las comunidades,
- Se le dio mayor flexibilidad a fin de poder ser adaptado a cada realidad
con más facilidad,
- Y se buscó una mejor adecuación en cuanto a tiempos y
metodología.
Para finalizar, cabe mencionar que esta iniciativa de la Iglesia Argentina
ha trascendido el ámbito nacional: mereció ser presentada
en el CELAM en dos oportunidades (2005 y 2002), en el 2º Congreso
Internacional del National Catholic Stewarddship de Roma (1999), en la
FALCA (Fundaciones de ayuda a la Iglesia Católica), en la Conferencia
Episcopal Chilena (2001). Además, las Iglesias de Uruguay, Perú y
Venezuela han incorporado algunos aspectos de Compartir a sus propios planes
de reforma económica.
6- En qué se sustenta Compartir.
Se sustenta principalmente en una espiritualidad de comunión que
brota del Evangelio. Esta marca el estilo de trabajo, la estructura que
lo impulsa y la manera que se sostiene.
Pilares sobre los que se afirma :
- Corresponsabilidad: Un corazón convertido al
Evangelio se siente naturalmente corresponsable con la obra evangelizadora
de su comunidad. Esto implica, a su vez, esforzarse para que más
personas participen activamente y se sientan parte importante en esta
obra.
- Solidaridad: Es el signo visible de que nuestro amor
es efectivo y no meramente declamado. Un gran desafío es que la
solidaridad se practique también entre comunidades. El espíritu
de comunión de bienes tiene manifestarse en gestos solidarios
intra e interparroquiales, y también intra e interdiocesanos.
- Pobreza Evangélica: No es sólo austeridad,
sino libertad espiritual en la posesión de los bienes materiales.
Esa libertad que capacita para poseer con desprendimiento y dar con generosidad.
Vivir el espíritu de pobreza implica también a administrar
con sabiduría para aprovechar al máximo los bienes espirituales
y materiales que se nos han confiado.
- Eficacia: Consiste en buscar y aplicar los medios
adecuados para alcanzar los fines. No basta con querer algo bueno, ni
tampoco es suficiente hacer las cosas sobre la marcha. Se trata de buscar
los medios adecuados, planificar con realismo, y llevar efectivamente
a la práctica aquello que se pretende.
- Transparencia: La rendición de cuentas en las
comunidades cristianas es un signo de credibilidad. Como parte del problema
del sostenimiento se debe al desconocimiento de cómo la Iglesia
maneja sus recursos, la transparencia es una importante herramienta para
la formación de una nueva conciencia en el pueblo de Dios.
- Ejemplaridad: Es el testimonio que damos a través
de nuestras obras. El modo de relación de las personas en una
comunidad y la manera en que ésta se relaciona y administra los
bienes materiales constituyen una catequesis más elocuente que
cualquier discurso.
Estos seis valores se implican mutuamente, y convergen en un ideal que
les da sentido y fin:
Demos testimonio de Cristo, unidos
en la Eucaristía y en la comunión de bienes.
O, expresado con las palabras de Navega Mar Adentro, “la
comunión de las personas y las comunidades se logra también
mediante el espíritu y la práctica de poner en común
los bienes, con nuevas estructuras de participación y solidaridad”. (Nº 89)
La estructura que lo lleva adelante:
Compartir es un plan nacional impulsado por la Conferencia Episcopal
Argentina a través de su Consejo de Asuntos Económicos,
del cual depende.
El Consejo, que tiene la responsabilidad de definir los objetivos,
los criterios de acción y los ámbitos de actuación del
Plan Compartir, está presidido por Mons. José María
Arancibia (Arzobispo de Mendoza), acompañado por Mons. Joaquín
Sucunza (Obispo Auxiliar de Buenos Aires) y Mons. Mario A. Cargnello
(Arzobispo de Salta).
En su aspecto operativo, la estructura está compuesta por
una Mesa de Coordinación y un Equipo Nacional. La primera
es responsable de articular la acción de los distintos actores
del plan y acompañar el trabajo del Equipo. Mientras que el
segundo se encarga del acompañamiento y la capacitación
brindada a las diócesis, y el diseño de programas y
materiales de trabajo.
La mesa de Coordinación está integrada por Gabriel
Castelli (presidente), Eduardo Casabal, el P. Guillermo Vido (asesor
pastoral), y José Luis Pagliettini. Y el Equipo Nacional está integrado
por José Luis Pagliettini (Coordinador), Patricio Alvelo,
Javier Beccuti, Marcelo Galli y Patricia Ferrari.
Además, al igual que las parroquias, muchas diócesis
han conformado equipos que dan profundidad y alcance a la acción
del plan. Dichos equipos aportan ideas y propuestas, e intercambian
experiencias a través de encuentros nacionales.
Esta experiencia de participación es muy motivadora y genera
un espíritu de trabajo y comunión que, en la variedad
de agentes y roles, nos hace sentir parte de un único gran
equipo de trabajo.
Cómo se sostiene Compartir:
Fiel al espíritu que lo anima, Compartir se sostiene con el
esfuerzo de muchos personas que aportan generosamente tiempo, talento
y dinero.
Hemos comentado que son muchos los voluntarios que brindan desinteresadamente
su tiempo y su saber hacer pastoral y profesional, colaborando en
tareas parroquiales, diocesanas y nacionales.
En el plano económico, Compartir también se sostiene
con donaciones de personas particulares, empresas, instituciones
internacionales y colaboraciones de las diócesis.
Gracias a ellos es posible viajar por el país para capacitar
y acompañar a las comunidades, contar con un equipo con disponibilidad
y experiencia, desarrollar materiales y llegar a comunidades que
carecen de recursos.
Estas personas e instituciones contribuyen movidas simplemente por
su amor al Evangelio y su convicción en los valores y prácticas
propuestos por el plan, e hicieron posible que en los primeros años
este servicio se brindara casi sin pedir colaboración adicional
a las diócesis.
Es justo agradecerles desde este medio, porque sin ellos Compartir
no hubiese sido posible tal como lo conocemos hoy. Sin duda, su actitud
nos invita a que reflexionemos sobre la responsabilidad que implica
para una comunidad recibir un servicio que alguien le está pagando
desinteresadamente. Se trata de un concreto y comprometedor testimonio
de comunión.
Carta
pastoral “Compartir la Multiforme Gracia de Dios” Nº 29.
Conferencia Episcopal Argentina, 1998.
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