“Queremos afianzar el desarrollo del plan Compartir, una acción apostólica iniciada con la carta pastoral Compartir la Multiforme Gracia de Dios sobre el sostenimiento de la obra evangelizadora de la Iglesia Argentina (Navega Mar Adentro, 89)”

 


Qué puede lograr una comunidad con Compartir

Por experiencia, constatamos que cuando una comunidad asume el proyecto como propio, puede lograr en el mediano plazo: Una nueva mirada de su misión, mayor conciencia de corresponsabilidad, espíritu solidario, mejor organización e integración, mayor participación y comunicación, incorporación de nuevos miembros, aumento en la recaudación por colectas, incremento en las contribuciones familiares, buena organización administrativa y transparencia en la administración de los bienes.
Naturalmente, estos resultados no son mágicos y se logran a través de un esfuerzo comunitario no exento de dificultades inherentes a todo proceso de cambio. Pero el común denominador de estos logros está dado por la firme voluntad de realizar este espíritu renovado, la planificación en el tiempo, el trabajo en equipo, la claridad en lo que se quiere, y la perseverancia.
La experiencia acumulada en distintos lugares de nuestro país es riquísima, y se vuelca a su vez en las nuevas diócesis y parroquias que se van sumando a la propuesta. De este modo, el propio Compartir resulta también un fruto de este espíritu de comunión de bienes entre comunidades, que comparten experiencias, visiones, talentos, materiales, logros y dificultades que permiten el enriquecimiento.
En el 2003 realizamos una profunda evaluación de la marcha del plan, de la que participaron medio centenar de obispos y otros tantos agentes pastorales (laicos, sacerdotes y religiosos) de 20 diócesis en las cuales Compartir se está trabajando.
Todos, en líneas generales, han valorado positivamente del plan, su espíritu y herramientas concretas, sus materiales y capacitaciones.
Destacan que Compartir:

  • Mejora la acción evangelizadora y contribuye al sentido de Iglesia y de pertenencia de los fieles,
  • Genera mayor participación, solidaridad y comunión,
  • Permite el ordenamiento, trabaja integralmente con la pastoral, genera interés, disposición y compromiso de quienes lo impulsan y aumenta los aportes de los fieles.

      Las dificultades más comunes surgidas en la implementación de Compartir son:

  • El poco compromiso del clero,
  • La falta de laicos preparados y/o perseverantes ,
  • Dificultades culturales y de estructura.

     Esta evaluación sirvió de base para una nueva revisión del plan a fin de mejorarlo:

  • Se asumió la necesidad de un fuerte protagonismo de las comunidades,
  • Se le dio mayor flexibilidad a fin de poder ser adaptado a cada realidad con más facilidad,
  • Y se buscó una mejor adecuación en cuanto a tiempos y metodología.

Para finalizar, cabe mencionar que esta iniciativa de la Iglesia Argentina ha trascendido el ámbito nacional: mereció ser presentada en el CELAM en dos oportunidades (2005 y 2002), en el 2º Congreso Internacional del National Catholic Stewarddship de Roma (1999), en la FALCA (Fundaciones de ayuda a la Iglesia Católica), en la Conferencia Episcopal Chilena (2001). Además, las Iglesias de Uruguay, Perú y Venezuela han incorporado algunos aspectos de Compartir a sus propios planes de reforma económica.

 

6- En qué se sustenta Compartir.

Se sustenta principalmente en una espiritualidad de comunión que brota del Evangelio. Esta marca el estilo de trabajo, la estructura que lo impulsa y la manera que se sostiene.

Pilares sobre los que se afirma :

  • Corresponsabilidad: Un corazón convertido al Evangelio se siente naturalmente corresponsable con la obra evangelizadora de su comunidad. Esto implica, a su vez, esforzarse para que más personas participen activamente y se sientan parte importante en esta obra.
  • Solidaridad: Es el signo visible de que nuestro amor es efectivo y no meramente declamado. Un gran desafío es que la solidaridad se practique también entre comunidades. El espíritu de comunión de bienes tiene manifestarse en gestos solidarios intra e interparroquiales, y también intra e interdiocesanos.
  • Pobreza Evangélica: No es sólo austeridad, sino libertad espiritual en la posesión de los bienes materiales. Esa libertad que capacita para poseer con desprendimiento y dar con generosidad. Vivir el espíritu de pobreza implica también a administrar con sabiduría para aprovechar al máximo los bienes espirituales y materiales que se nos han confiado.
  • Eficacia: Consiste en buscar y aplicar los medios adecuados para alcanzar los fines. No basta con querer algo bueno, ni tampoco es suficiente hacer las cosas sobre la marcha. Se trata de buscar los medios adecuados, planificar con realismo, y llevar efectivamente a la práctica aquello que se pretende.
  • Transparencia: La rendición de cuentas en las comunidades cristianas es un signo de credibilidad. Como parte del problema del sostenimiento se debe al desconocimiento de cómo la Iglesia maneja sus recursos, la transparencia es una importante herramienta para la formación de una nueva conciencia en el pueblo de Dios.
  • Ejemplaridad: Es el testimonio que damos a través de nuestras obras. El modo de relación de las personas en una comunidad y la manera en que ésta se relaciona y administra los bienes materiales constituyen una catequesis más elocuente que cualquier discurso.

Estos seis valores se implican mutuamente, y convergen en un ideal que les da sentido y fin:

Demos testimonio de Cristo, unidos en la Eucaristía y en la comunión de bienes.

  


O, expresado con las palabras de Navega Mar Adentro, la comunión de las personas y las comunidades se logra también mediante el espíritu y la práctica de poner en común los bienes, con nuevas estructuras de participación y solidaridad”.  (Nº 89)

La estructura que lo lleva adelante:
Compartir es un plan nacional impulsado por la Conferencia Episcopal Argentina a través de su Consejo de Asuntos Económicos, del cual depende.
El Consejo, que tiene la responsabilidad de definir los objetivos, los criterios de acción y los ámbitos de actuación  del Plan Compartir, está presidido por Mons. José María Arancibia (Arzobispo de Mendoza), acompañado por Mons. Joaquín Sucunza (Obispo Auxiliar de Buenos Aires) y Mons. Mario A. Cargnello (Arzobispo de Salta).
En su aspecto operativo, la estructura está compuesta por una Mesa de Coordinación y un Equipo Nacional. La primera es responsable de articular la acción de los distintos actores del plan y acompañar el trabajo del Equipo. Mientras que el segundo se encarga del acompañamiento y la capacitación brindada a las diócesis, y el diseño de programas y materiales de trabajo.
La mesa de Coordinación está integrada por Gabriel Castelli (presidente), Eduardo Casabal, el P. Guillermo Vido (asesor pastoral), y José Luis Pagliettini. Y el Equipo Nacional está integrado por José Luis Pagliettini (Coordinador), Patricio Alvelo, Javier Beccuti, Marcelo Galli y Patricia Ferrari.
Además, al igual que las parroquias, muchas diócesis han conformado equipos que dan profundidad y alcance a la acción del plan. Dichos equipos aportan ideas y propuestas, e intercambian experiencias a través de encuentros nacionales.
Esta experiencia de participación es muy motivadora y genera un espíritu de trabajo y comunión que, en la variedad de agentes y roles, nos hace sentir parte de un único gran equipo de trabajo.

Cómo se sostiene Compartir:
Fiel al espíritu que lo anima, Compartir se sostiene con el esfuerzo de muchos personas que aportan generosamente tiempo, talento y dinero.
Hemos comentado que son muchos los voluntarios que brindan desinteresadamente su tiempo y su saber hacer pastoral y profesional, colaborando en tareas parroquiales, diocesanas y nacionales.
En el plano económico, Compartir también se sostiene con donaciones de personas particulares, empresas, instituciones internacionales y colaboraciones de las diócesis.
Gracias a ellos es posible viajar por el país para capacitar y acompañar a las comunidades, contar con un equipo con disponibilidad y experiencia, desarrollar materiales y llegar a comunidades que carecen de recursos.
Estas personas e instituciones contribuyen movidas simplemente por su amor al Evangelio y su convicción en los valores y prácticas propuestos por el plan, e hicieron posible que en los primeros años este servicio se brindara casi sin pedir colaboración adicional a las diócesis.
Es justo agradecerles desde este medio, porque sin ellos Compartir no hubiese sido posible tal como lo conocemos hoy. Sin duda, su actitud nos invita a que reflexionemos sobre la responsabilidad que implica para una comunidad recibir un servicio que alguien le está pagando desinteresadamente. Se trata de un concreto y comprometedor testimonio de comunión.

Carta pastoral “Compartir la Multiforme Gracia de Dios”  Nº 29. Conferencia Episcopal Argentina, 1998.

   
     

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