Header image    
COMUNIDADES ECLESIALES DE BASE
  || INICIO ||
   
 
 
   

 “Y SIN EMBARGO, LAS CEBs. SE MUEVEN…”

I.- LAS CEBs. EN APARECIDA.

        Son ya ampliamente conocidas las modificaciones que se hicieron al Documento Conclusivo de Aparecida; los Obispos participantes a la Conferencia General aprobaron un documento en la Sesión Plenaria del día 30 de Mayo, el que se difundió a todos los participantes y a otras personas e instancias, el día 31 de mayo, pero posteriormente los Dicasterios Romanos le hicieron más de 200 cambios, unos de redacción y estio –la mayoría - y otros   - cerca de 30- que afectaban el contenido y el sentido mismo del Documento - en el asunto respectivo.  El caso más claro es de las Comunidades Eclesiales de Base.

Afortunadamente estos cambios no quedaron en lo oscurito, sino que salieron a la luz a través de investigaciones que realizaron y publicaron teólogos, y que molestaron a altas personalidades eclesiásticas, que hubieran preferido que se quedaran en el silencio; la carta (Agosto 2007) del Card. Francisco Javier Errázuriz, anterior Presidente del Celam y uno de los presidentes de la Conferencia al P. Eduardo de la Serna, la del Card. G. Bauttista Re, (28 Agosto 2007), copresidente de Aparecida y Presidente de la CAL (Comisión para América Latina) a D. Damasceno Assis, actual presidente del Celam, las declaraciones de Mons. A. Stanovnik, Secretario anterior del Celam, a AICA (Agencia Informativa Católica Argentina), van dejando claros el origen de las modificaciones y las aparentes justificaciones a dichos cambios. 

 Pero, ¿Qué es lo que queda claro de todo esto?

1.-  Que las CEBs. son punto de controversia en la iglesia de América Latina y el Caribe y, por tanto, en Aparecida.  El P. Camilo Daniel, invitado a la Conferencia de Aparecida, ha hecho un estudio breve pero claro de la presencia y ausencia de las CEBs. en las diferentes redacciones del Documento de Aparecida, titulado “Las Comunidades Eclesiales de Base en la V Conferencia General. Un recuento testimonial”. En él va constatando el proceso del tratamiento del tema de las CEBs. en las sucesivas redacciones del documento;  da cuenta de que las CEBs. fueron adquiriendo carta de ciudadanía, pero de que también fueron un tema controvertido, lo que se refleja en la supresión, en la tercera redacción,  de los números sobre las CEBs. y en la inclusión de estos números, en la cuarta redacción, por votación de más de setenta obispos y el aval de 10 Presidentes de Conferencias Episcopales con una oposición de poco más de cincuenta obispos.  Ciertamente no se lograron los dos tercios que se requerían para que el modo 9 fuera aprobado, pero se incluyó en el capítulo V después de la Parroquia, comunidad de comunidades (DCA 193-196).  La explicación que se dio fue que por cuestiones técnicas de digitación se habían suprimido los mencionados párrafos.

El  Card. Errázuriz en su carta al P. Eduardo de la Serna afirma que “En el curso de la V Conferencia General, después de escuchar muy diversas opiniones sobre las mismas, constaté que en algunos países se les considera uno de los tesoros más apreciados de la Iglesia, mientras que en otros recuerdan malas experiencias, y han perdido fuerza o casi no existen”. Por lo que él sugiere “que el CELAM organice en este cuatrienio un congreso o un seminario sobre las experiencias de las Comunidades Eclesiales de Base en nuestras Iglesias particulares. En ese congreso aparecerán las mejores experiencias, y quedarán en claro cuáles son los factores que las favorecen y las ayudan a florecer como un bien de la Iglesia. A mi parecer, ésta es la solución de fondo al problema que se ha presentado”. 

        La oposición minoritaria a las CEBs. fue la razón por la que en Roma se hicieran las modificaciones al texto, según explica el Card. G. Bauttista Re en su carta a Mons. Damasceno. “Así, – escribe el Card.-   a pesar de que el texto sobre las CEBs había sido eliminado por la mencionada votación, la Santa Sede en vista de la autorización del Santo Padre para la publicación del texto, decidió retomar dichos párrafos considerando que un número significativo de Obispos los habían propuesto.  La misma Santa Sede, sin embargo, aportó algunos cambios al texto teniendo en cuenta el pensamiento de los miembros de la Conferencia de Aparecida que había votado en contra”.

        Todo esto hace concluir que al Papa se le presentó otro documento para su aprobación distinto al aprobado por los Obispos en Aparecida. En esto la Comisión por América Latina (CAL) tuvo un papel relevante como se deja ver en la misma carta del Card. Re: “La Pontificia Comisión Para América Latina ha juzgado útil solicitar a  expertos juristas profundizar si es sostenible que para la votación del 30 de mayo sobre las CEBs bastaba la mayoría absoluta  (50 + 1 ) Los juristas consultados sostienen con plena convicción que las palabras “textos conclusivos”  no pueden ser limitadas a la votación final global de la mañana del 31 de mayo sino que valen también  para las votaciones conclusivas concernientes a las singulares partes del Documento. Por tanto en las votaciones del 30 de mayo era necesario, para que los textos fueran aprobados, obtener los dos tercios de los votos de los presentes en la  Asamblea.

Quedan cosas por aclarar, pero lo seguro es que en la Conferencia las CEBs. fueron motivo de controversia y que hubo obispos que se opusieron a ellas. Esto que sucedió en Aparecida es una manifestación de lo que ha acontecido en el vida ordinaria de las Iglesias del Continente, desde la década de los ‘70.  Y es que el modelo de Iglesia que se expresa en las CEBs. es distinto y, en ocasiones opuesto, al que se vive en la mayoría de las Iglesias del Continente.   
2.-  El Documento conclusivo de Aparecida, es decir, el aprobado por los Obispos tiene la validez de un documento de Magisterio episcopal, porque ha sido fruto de un ejercicio de colegialidad en el oficio de enseñar de los Obispos Latinoamericanos y Caribeños, en comunión con la Cabeza del Colegio Episcopal.  Por tanto, puede ser utilizado con la misma confianza que el Documento aprobado por el Papa o que cualquier documento de un Obispo a su Iglesia Particular, ya que cada Obispo es pastor propio, ordinario e inmediato de su Diócesis (Cf. ChD 11); en este caso, los Obispos participantes en Aparecida, lo son de sus Iglesias particulares, a quienes dirigen el documento.  A ellos se les ha encomendado el oficio de enseñar como auténticos maestros, o sea que están dotados de la autoridad de Cristo, que predican la fe al pueblo que les ha sido encomendado (Cfr. LG 25). La aprobación de Papa no es autentificación de su Magisterio episcopal, es tan sólo signo de colegialidad.

        Es de lamentar que los Obispos –los del Celam o algunos de los participantes a la Conferencia General – no hayan  pedido que se volviera a la cuarta redacción, que no tenía, a decir del Card. Errázuriz, nada en contra de la fe y de las costumbres. “Lo que nosotros sabemos es que la Congregación de la Doctrina de la Fe dijo que no había afirmación alguna en el Documento que fuera en contra del Dogma, la moral” (Conferencia de Prensa. Diario: O Estado do Sao Paulo, 16 de Agosto 2007)

3.-.  Cuando hay un centralismo que no permite la autonomía de los niveles menores y se tiene la intervención del nivel central, no se actúa conforme al principio de subsidiaridad.  En Aparecida se actuó de esta manera porque no se respetó la votación de la mayoría y se recurre a subterfugios jurídicos para justificar las modificaciones, como lo explica el Card. Re, en su carta antes citada.

Si no hubo una petición avalada por 7 presidentes de Conferencias Episcopales de que se quitaran los números relativos a las CEBs. ¿por qué se quitaron  en la tercera redacción?  Si posteriormente no se  obtuvieron los dos tercios requeridos,    ¿por qué aparecen en el documento conclusivo que se votó (cuarta redacción)?,  ¿No será que la desaparición fue por razones ideológicas y se hizo a ver si pegaba, pero no pegó y se aprovechó el no alcanzar los dos tercios para justificar los cambios posteriores al documento? ¿Pudo más la Pontificia Comisión para América Latina que la mayoría de los Obispos reunidos en Aparecida? ¿Habrá que agradecer a esta Comisión el que aparezcan de nuevo los números en el Documento Oficial? Faltan aún muchas cosas por aclarar en este asunto.

4.- El documento de Aparecida es una herramienta que hay que utilizar.  No será la mejor herramienta que hubiéramos deseado pero sirve para motivar a los que pensaban que las CEBs. ya habían pasado de moda o que habían perdido su fuerza evangelizadora. Expresa con claridad su identidad y misión.  Hay muchos elementos en él que hay que descubrir y saber utilizar y de no hacerlo se pierde una gran oportunidad.

        El documento hay que leerlo verticalmente, es decir, página por página para conocer su contenido, pero también horizontalmente, encontrando aquellos temas que se encuentran a lo largo del documento como la Misión, discipulado, Iglesia comunión, la opción preferencial por los pobres, vida digna, la formación de los discípulos y las discípulas, etc.  Estas son claves de lectura e interpretación del documento.  Además es conveniente ir a las otras fuentes: Biblia, Magisterio, Teología para ampliar el tratamiento del tema.
 
5.- La vivencia de las CEBs. ha calado hondo en la vida de la Iglesia de América Latina y el Caribe. Son ya más de 4 décadas de que el Espíritu hizo surgir esta vivencia de Iglesia y no han podido hacerla desaparecer ni la represión gubernamental ni las descalificaciones eclesiales.  Es un modelo de Iglesia que toma muy en cuenta los condicionamientos históricos concretos de los pueblos del Continente, la situación de pobreza en la que viven la mayoría de los habitantes y quiere solidarizarse con sus luchas de liberación. Por primera vez, los pobres se sienten tomados en cuenta, no como objetos de beneficencia o de caridad cristiana, sino como sujetos de evangelización y de liberación.  Es por esto, que las CEBs. han entrado hasta el fondo de su corazón.

6.- En las CEBs., los pobres son mayoría y como ellos tienen una capacidad de resistencia  admirable. Son ellos sus miembros mayoritarios, son ellos los que resisten a los embates y las defienden. En la convivencia con los pobres no se encuentra la explicación de cómo logran sobrevivir en medio de tantas carencias. Los pobres son persistentes y esa característica se la comunican a las CEBs. Por esto y por la fuerza del Espíritu que habita en ellas, no se las  ha podido borrar de Iglesia Latinoamericana y Caribeña.

7.- Es una experiencia con futuro.  En medio del mundo de la globalización que masifica y convierte en anónimos a los pobres, el futuro de la Iglesia está en las minorías abrahámicas, es decir, en las experiencias de comunidades pequeñas en donde las discípulas y discípulos de Jesús se sienten conocidos, queridos, apoyados, donde se dan la mano y donde la solidaridad se vive de tú a tú, como en los primeros años de la Iglesia. Una de las razones por las que los católicos emigran a movimientos religiosos evangélicos o pentecostales es  la necesidad de reconocimiento y de apoyo fraterno,  que no encuentran ni en las multitudes que asisten a los templos y luego se dispersan, ni en el modo de vivir la fe cristiana en la Iglesia católica, ya que muchos cristianos viven también en el anonimato.  Es por esto que las CEBs. tienen futuro. Esta debió de ser la razón por la que una mayoría de Obispos en Aparecida no permitió que desaparecieran del documento conclusivo.

        Pasemos ahora a comentar dos aspectos  que me parecen importantes del Documento de Aparecida sobre las CEBs.

II.- LAS CEBS. Y LAS COMUNIDADES PRIMITIVAS. (DCA 193; DOA 178)  

 El documento conclusivo de Aparecida (DCA), en el número 193 y el documento oficial de Aparecida (DOA) en el número 178 dicen: “Ellas (Las CEBs.) recogen la experiencia de las primitivas comunidades, como están descritas en los Hechos de los Apóstoles (Cf. 2,42.47)”. Esto apunta al modelo de “Iglesia de comunión”, que las CEBs. tratan de vivir conforme al modelo de las primitivas comunidades; las CEBs. ven en ellas el modelo a seguir, ni tratando de ser una copia de ellas, ni teniendo una actitud de alqueologísmo pastoral, sino adaptando sus características al tiempo actual y a las circunstancias que se viven hoy.

Para el conocimiento de las comunidades primitivas no basta el recurso a los Hechos de los Apóstoles sino se tiene que recurrir a todo el Nuevo Testamento y a otros escritos extrabíblicos; Lucas en los Hechos nos relata la experiencia de las comunidades paulinas, pero existieron otras tradiciones que tienen tanta importancia como las paulinas: las joaneas, las petrinas, las de Santiago, etc.. Las  comunidades cristianas de esta etapa de la Iglesia (30-135 d.C.) vivieron una experiencia eclesial que las distingue de las etapas posteriores y que los autores llaman: Modelo de “Iglesia comunión”.

Este modelo de Iglesia se caracteriza por las siguientes notas:

1.- La vida de estas comunidades es un proceso diferenciado, plural, pero en comunión.  El constatar el caminar de las iglesias del Nuevo Testamento en estos tres períodos, teniendo en cuenta el contexto social y religioso en el que se movieron, amplía concepción de estas comunidades; abre horizontes insospechados, que no se contemplan cuando se considera la vida de las comunidades consultando y estudiando sólo los Hechos de los Apóstoles.  Los demás documentos del Nuevo Testamento también dan, entre líneas, informaciones a cerca de la vida y de la problemática de las comunidades.

El punto de partida es la resurrección de Jesús, testimoniada por los Apóstoles a quienes se les apareció el Resucitado.  Pero la vivencia y la reflexión teológica empiezan a tomar diversas direcciones, formando distintas tradiciones: la paulina, la petrina, la del Discípulo amado, la de Santiago, etc.  El caminar de estas comunidades es plural, diferenciado y, sin embargo, unido en lo fundamental.  Estamos lejos de encontrar unas comunidades uniformadas; esto denotaría pobreza, y sería el polo opuesto a la realidad constatada.

El primer período del proceso (36-70 d.C) se caracteriza por la presencia de los apóstoles, que dirigen y presiden las comunidades con la autoridad que recibieron de Jesús en las apariciones y del Espíritu Santo.  Ellos poco se preocuparon de las estructuras de autoridad en las comunidades.  Ellos eran el punto de unión y la autoridad que discernía los conflictos, a veces colegialmente, a veces personalmente. La obra del Espíritu de Jesús es importantísima en este período, es quien da fuerza y sabiduría a los misioneros.  La misión es la responsabilidad por excelencia de esta generación de cristianos.

El segundo período (70-100 d. C.) se caracteriza por la ausencia de los grandes líderes, fundadores de las Comunidades.  Sin embargo, los colaboradores han visto la necesidad de conservar viva la memoria de ellos, su doctrina y de adaptar sus enseñanzas a las nuevas situaciones que se les presentaban.  La pseudonimia es el mecanismo que ven necesario para lograr esta orientación de las comunidades.

 Aparecen ya claramente las diversas tendencias o escuelas teológicas. La paulina, con sus corrientes: la de Lucas-Hechos, la de Efesios-Colosenses y la de las Cartas Pastorales; la petrina expresada en la 1 carta de Pedro; la del Discípulo amado, con las corrientes expresadas en el Evangelio, en el Apocalipsis y la de las cartas.  La de Santiago, manifestada en la carta de Santiago, la de Judas y la 2 Pedro.

        En cuanto a la institucionalización, hay dos grandes tendencias aún no bien diferenciadas, la de los dirigentes carismáticos: profetas y maestros, que recorren las comunidades y las animan; y la de los oficios estables: obispo-presbíteros-diáconos.  Situaciones internas y externas van empujando a las comunidades a preferir los ministerios estables y a precisar las cualidades que éstos deben tener.

En el tercer período (100-135 d. C.), aparece clara la división interna de las comunidades a causa de los maestros de falsas doctrinas.  Nos encontramos en el umbral de las primeras herejías gnósticas.  Lo que hace que se defina cada vez con mayor claridad los oficios de episkopos-presbíteros-diakonos. Empieza ya la “Gran iglesia” o en palabras de San Ignacio de Antioquía, La “Iglesia católica”, que es perseguida; los gobernantes incluso se ven forzados por las circunstancias a  precisar los procedimientos para los procesos judiciales condenatorios de los cristianos

2.- Son Comunidades insertas en el contexto histórico-social.Las comunidades cristianas primitivas, como todos los grupos humanos, están ubicados en el tiempo y en el espacio, lo mismo que en un contexto cultural determinado  Este contexto espacio-temporal y cultural dejó hondas huellas en esos grupos, de la misma manera que ellos, de alguna forma, influyeron en la historia y en la cultura de su tiempo.  Se da, pues, una interacción entre ambas realidades.

Tener en cuenta la historia del Imperio Romano y de Palestina en el primer siglo, no es para ponerla en paralelo a la historia de las comunidades cristianas primitivas, como si fueran dos realidades distintas y no se tocaran, ni se influyeran, sino es para conocer los lazos de interacción entre la historia general y la particular de estas comunidades. El  objetivo es descubrir su inserción en el mundo con el fin de cumplir su misión de anunciar la resurrección del Mesías-Jesús y su inminente venida gloriosa a juzgar a vivos y muertos.

Un intento de relacionar los acontecimientos eclesiales con los históricos sociales lo hizo el autor del Evangelio de Lucas  (Lc 3,1-2), dando  algunos puntos de referencia en la historia del Imperio y de Galilea para situar el momento del inicio de la predicación de Juan y de Jesús de Nazaret.  Últimamente se han hecho varios intentos de colocar en el contexto histórico-social la vida de las comunidades primitivas y ver el influjo que los hechos tuvieron en su vida . Esfuerzo que ha llevado a la conclusión de que es mucha la influencia de la historia en la fe de estas comunidades neotestamentarias.

Situaciones que se describen en los Sinópticos y en los Hechos de los Apóstoles tienen su origen en acontecimientos o situaciones generales que dejaron honda huella en la vida de las comunidades primitivas y que, incluso, se plasmaron en las tradiciones y redacciones de los documentos neotestamentarios que llegaron hasta nosotros.

Gerd Theissen señala tres acontecimientos que influyeron en la vida de las comunidades neotestamentarias y dejaron rasgos en las tradiciones sinópticas:  La guerra de los Nabateos contra Herodes Agripa (35-36 d.C.), la “crisis de Calígula” (39-41 d.C.) y la guerra judía contra Roma (66-74 d.C.).  Sobre todo los dos últimos influyeron en la vida de las comunidades primitivas y provocaron  persecuciones contra ellas.

3.- Son Iglesias en las casas.  La dimensión de las comunidades era pequeña; se reunían en las casas. Pero además, el modelo familiar grecorromano servía de modelo para la organización de la comunidad y para las relaciones de sus miembros. Los primeros cristianos no conocieron un cristianismo masivo, todas las expresiones de Iglesia eran pequeñas, a la medida de la familia greco-romana y esto permitía una relación profunda entre sus miembros, pero al mismo tiempo tenían una conciencia clara de pertenecer a una Iglesia mayor, extendida por el mundo conocido entonces. Estos dos elementos fueron los que permitieron a las primeras comunidades tener una extensión exitosa en el Imperio Romano.  En algunas ciudades grandes como Corinto, Jerusalén, Roma… había varias “Iglesias en las casas”, cada una con su autonomía, y en algunas ocasiones se reunían en una Asamblea más amplia.

4.- Son comunidades en conflicto y perseguidas.  La imagen de comunidades en plena comunión sin ninguna dificultad y conflicto está muy lejana de la realidad. La imagen idealizada de la Iglesia primitiva que nos da Lucas en los Hechos de los Apóstoles, sobre todo en los sumarios (Hech 2,42-47; 4,32-37; 5,12-15) nos ha hecho imaginar las comunidades neotestamentarias como Iglesias en las que sólo se daba la “koinonia”  plena y los conflictos eran más bien raros y no graves. Estas comunidades vivieron en medio de conflictos tanto internos como externos, con los judíos y con el Imperio Romano. Pero a pesar de ellos, supieron vivir en comunión y buscaron la solución a ellos. Algunos de ellos fueron graves como el de los judaizantes que llevó a la muerte al mismo Pablo.
 
 La Iglesia de los primeros cristianos tuvo la característica de ser “martirial” y “Perseguida”.  El “Institutum Neronianum” (64 d.C.) decretó que los cristianos no debían existir, ya que se les acusaba de odio contra el género humano.  Posteriormente se les persiguió  por el sólo nombre de “cristianos”. En el rescripto de Trajano se determinó que sólo se les puede perseguir por algún delito que se les pueda comprobar.  La persecución fue el crisol en donde se purificaron las comunidades.  Muchos abandonaron la fe, pero otros se reforzaron en ella y muchos, con el ejemplo de los mártires, abrazaron la fe.

5.- Son Comunidades misioneras y  solidarias.  La necesidad de cohesión interna en la comunidad y el compromiso de evangelizar a los de fuera estaban siempre en tensión.  Había que vivir de tal forma que no se causara extrañeza a los de fuera. Los códigos familiares son un elemento de adaptación de la vida de los miembros de las comunidades a la vida familiar de los romanos, pero también había que evangelizar hasta los últimos confines de la tierra (Mt 28, 18-20). Las comunidades eran incansablemente misioneras. Expresión de la solidaridad de las comunidades eran las colectas a favor de los pobres, en especial de la comunidad de Jerusalén, que se autonombraba “de los pobres”.

6.- Son Comunidades guiadas por el Espíritu Santo,que es el primer actor de la Iglesia. El da ánimo a los Apóstoles para que cumplan su misión, él guía a las comunidades en su proceso, él suscita ministerios para bien de las Iglesias, él es el maestro de la verdad, él da fortaleza a los cristianos en las persecuciones.  Lucas resalta mucho esta presencia del Espíritu en los Hechos de los Apóstoles, tanto que se les puede llamar Evangelio del Espíritu Santo.

7.- Son Comunidades ministeriales y con autoridad compartida. Siendo comunidades pequeñas y con una gran integración en sus miembros, la necesidad de servicios pronto hizo que surgieran personas que quisieran prestar algún ministerio en la comunidad. Estos ministros surgían por el don del Espíritu Santo, pero también de las necesidades de la misma comunidad.  En general, se constata que había una gran diversidad de ministerios con una gran indeterminación en los mismos, es decir, no todas las comunidades tenían los mismos ministerios y no había todavía una clara especificación sobre el papel de cada uno de los ministerios.  Había diversos carismas que se traducían en servicios a la comunidad cristiana.  La imagen que expresa esta realidad es la de cuerpo, en el que hay muchos miembros pero todos están en función del bien del cuerpo.  Así en la comunidad hay diversidad de ministerios, pero unidad en la función, que es en servicio de la Iglesia. 

En las comunidades paulinas se puede descubrir una jerarquización entre los diversos ministerios, pero no se puede señalar aún que algún ministerio estuviera sobre los demás; la prioridad era en orden a la urgencia del ministerio, no en cuanto a la autoridad en la comunidad.  Estos ministerios se ejercían en equipo.  Los doce fueron los que ejercieron la autoridad, en los primeros tiempos, en la comunidad de Jerusalén, sobre todo en la sección judeocristiana.  Los 7 helenistas elegidos por la comunidad y reconocidos por los 12, la ejercieron en la sección de los heleno-cristianos. Se encuentra una organización comunitaria en la dirigencia de la comunidad de Jerusalén.  Los hechos de los Apóstoles sugieren que también en la comunidad de Antioquia era un grupo el que ejercía la dirigencia en la comunidad cristiana (Hech 13,1-3).

En el primer período los profetas carismáticos ambulantes ejercían cierta autoridad en los grupos cristianos palestinos fuera de Jerusalén.  Y en las demás comunidades, los profetas y doctores que también abrazaban el estilo de vida ambulante tenían cierta autoridad sobre las comunidades que visitaban.  En el segundo período empiezan a surgir los diáconos y los episcopos-presbíteros que en equipo eran los dirigentes de las comunidades. En las comunidades judeo-cristianas de Palestina, el grupo de presbíteros, teniendo a la cabeza uno de ellos, como dirigente, ejercían la autoridad. Esa es la situación de Jerusalén una vez que los Apóstoles abandonaron la ciudad y se dedicaron a tiempo completo a la misión. Santiago a la cabeza de los presbíteros dirigía la comunidad jerosolimitana. Este estilo se debilitó y posteriormente desapareció con la guerra judía que culminó con la destrucción de Jerusalén.

Sólo hasta el tercer período, se da un proceso de desaparición paulatina de los ministerios carismáticos de profetas y doctores para imponerse cada vez más el sistema del Obispo, con sus presbíteros y diáconos. El denominador común es que la autoridad se ejerza en las comunidades de forma participativa, no centralista. Entre ellas se vivía la comunión, pero sin sentirse subordinadas unas a otras.  Es por esto que se afirma que el modelo de estas Iglesias es circular; la autoridad es más un servicio de unidad que un poder de subordinación.

Este es el modelo de Iglesia “comunión”, “circular”, misionero en el que las CEBs. se inspiran para vivir en el contexto actual.  Ellas también son comunidades insertas en el contexto histórico social, son Iglesia de cara al mundo y su mística en gran parte consiste en encontrar el rostro de Dios en la historia. El método de las CEBs. siempre parte de la realidad de pecado y de gracia que se vive.   La dimensión cuantitativa de ellas es pequeña.  Son comunidades que se reúnen en las casas o en otros lugares, pero que son constituidas por pocos miembros, lo que también les posibilita una relación primaria y fraterna, se conocen por sus nombres y se aman.  Tienen también conciencia de pertenecer a la Iglesia parroquia, diocesana y universal.  Las CEBs. anhelan estar en plena comunión con la Iglesia.  Son comunidades misioneras en su barrio o rancho. La solidaridad con las causas justas de los pobres es una de las características más visibles de las CEBs.  Son comunidades ministeriales, en las que se prestan servicios entre ellos y a la comunidad más amplia.  Los Ministerios laicales son la forma explícita de la participación de las laicas y laicos en la misión evangelizadora. La autoridad en ella es compartida y es un servicio de coordinación y de articulación, así se tiene un modelo de autoridad “diakonía” tal como Jesús lo quiso.

No son un modelo perfecto de Iglesia, pero se esfuerzan por revivir la vivencia de las primeras comunidades cristianas y se esfuerzan por superarse día con día, viéndose en el espejo de las comunidades apostólicas.   Esta referencia es obligatoria si es que las CEBs. quieren seguir siendo Iglesia apostólica. 

III.-  LAS CEBS. ALTERNATIVA DE LA SOCIEDAD EN LA QUE VIVIMOS.(DCA 193)

Otro aspecto importante que hay que recalcar en la vida de las CEBs., es el que señala el Documento Conclusivo de Aparecida (DCA), aprobado por los Obispos y que desapareció en el Documento Oficial de Aparecida (DOA):  “Arraigadas en el corazón del mundo, son espacios privilegiados para la vivencia comunitaria de la fe, manantiales de fraternidad y de solidaridad,  alternativa a la sociedad actual fundada en el egoísmo y en la competencia despiadada” (DCA 193).

Jesús dijo que los cristianos son sal de la tierra y esto significa, entre otras cosas, que sus discípulos y discípulas deben llevar una vida distinta a la vida del mundo, para que puedan darle sabor de reino.  La sal sólo puede salar los alimentos si no tiene un sabor distinto a ellos, si tuviera el mismo sabor no serviría de nada, sucede lo mismo que si lo pierde. 

En la actualidad es necesario que la Iglesia sea una alternativa al sistema neoliberal globalizado que se ha impuesto desde la década de los ’80. Es un sistema en el que el capital es el primero y donde la ley del Mercado es incuestionable.  La persona humana, en especial los pobres, no cuentan, sus derechos están disminuidos. Así la riqueza se concentra en pocas manos y las grandes mayorías van siendo excluidas de los bienes del progreso.  Se va imponiendo una monocultura que arrasa con las culturas de los pueblos, en la que los antivalores del consumismo, del hedonismo, de la competencia y el lucro están sobre todo.  El dinero ocupa el lugar más importante, el lugar de Dios, que está siendo desplazado cada vez más de la vida de los humanos. El urbanismo que se vive en las grandes ciudades deshumaniza y aísla a las personas, sumiéndolas en el individualismo y en el anonimato.

Este sistema no está inspirado en los valores del Evangelio por lo que la Iglesia viviendo en medio de él, tiene que dar testimonio de los valores del Reino de Dios con una vida alternativa.  Las CEBs. son una alternativa a esta sociedad.

Las Comunidades Eclesiales de Base (CEBs.) son un factor importante de revitalización de la Iglesia en esta dimensión comunitaria porque descentralizan y articulan la Iglesia desde su dimensión más pequeña.  Las CEBs. tratan de vivir relaciones estrechas de fraternidad y de solidaridad. Los miembros, por ser relativamente pocos, llegan a establecer relaciones primarias profundas que los hacen vivir la comunión. Se conocen, entre ellos no hay anonimato, el hablarse por su nombre es algo natural, al mismo tiempo que fundamental en su vida de comunidad. Las CEBs. viven el misterio de la Iglesia con un espíritu de comunión. Su primera característica es ser comunidad. Su esfuerzo renovador toca el mismo ser de la Iglesia, no sólo un aspecto de ella.  
En ellas se trata de vivir la corresponsabilidad y la participación de los seglares, en la misión evangelizadora de la Iglesia, a través de los ministerios, sobre todo el de animación y coordinación.  Es un modelo de Iglesia circular en el que se busca que los laicos y laicas no sean objetos, sino sujetos, que presten servicios diversos a la misma Comunidad eclesial de base y a la comunidad más amplia.
Las CEBs. se comprometen en la transformación de las estructuras sociales. A través de las Organizaciones básicas, civiles y políticas luchan por que se viva la democracia, la igualdad, la justicia. Son focos de liberación. Optan por los pobres y excluidos. Participan en las luchas por las grandes causas y, por lo general, no hacen alianzas con los poderes de este mundo, lo que les ha acarreado persecuciones y martirio. Este compromiso social y sus movilizaciones son las que dan a las CEBs. visibilidad ante la sociedad.
La alternativa que presenta el modelo de “Iglesia en comunión” desde las CEBs es ante todo cualitativa por las relaciones de hermandad y  de participación que se viven en ellas,  aunque en lo económico y político sea poco significativa.  Esto no le quita ser alternativa; en el momento actual, no hay sistema que pueda competir eficazmente con el neoliberalismo globalizante. Los grandes pensadores de un “mundo distinto” afirman que hay que luchar localmente, desde lo pequeño, pero con perspectivas globales; lo cual significa que se está aún en la fase inicial de la construcción de una alternativa al sistema neoliberal.
Las CEBs., aunque pequeñas, viven los valores de una sociedad alternativa, en donde no haya  exclusión. Frente a la uniformidad cultural promovida por el neoliberalismo y difundida a través de los medios de comunicación social, las CEBS. se esfuerzan  por inculturar el Evangelio, por lo que respetan y aprecian las culturas de los pueblos.
A las CEBs. se les presentan unos retos a los que hay que responder con sabiduría, creatividad y perseverancia para seguir siendo, en un futuro, alternativa a la sociedad en la que vivimos.  En el DCA 195 al respecto se dice: “Después del camino recorrido hasta ahora, con logros y dificultades, es el momento de una profunda renovación de esta rica experiencia eclesial en nuestro continente, para que no pierdan su eficacia misionera sino que la perfeccionen y la acrecienten de acuerdo a las siempre nuevas exigencias de los tiempos”.

Las CEBs. podrán seguir siendo alternativa:

  1. Si tienen clara conciencia de su identidad eclesial. Son Iglesia de Jesús, por tanto están en la línea de “Iglesia Sacramento” no son carismas eclesiales como los movimientos (DOA 311). El mismo Documento de Aparecida afirma que “Medellín reconoció en ellas una célula inicial de estructuración eclesial y foco de fe y evangelización” (DCA 193;DOA 178). Pero no basta con repetir que las CEBs. son un nivel de Iglesia, sino que lo tienen que expresar en su vida.  Es necesario que se supere la experiencia grupal que ha detenido el avance de muchas CEBs., y se pase a la experiencia comunitaria.  Para esto es necesaria la descentralización de la vida y de los servicios de la Iglesia a los barrios y ranchos y la articulación de todos ellos.

 

    En las CEBs. se deben vivir los elementos constitutivos de la Iglesia: Kerigma, Liturgia, Ministerialidad, Comunión y Misión.  Así las CEBs. tienen expresan el modelo de Iglesia Comunión.

  1. Si tienen conciencia de que las CEBs. son un nivel de Iglesia junto a los otros niveles: la parroquia y la diócesis. No basta tratar de vivir el modelo de Iglesia en la base, es necesario construirlo también en la parroquia, comunidad de comunidades y en la diócesis, Iglesia particular, inculturada con rostro propio. La CEB es el nivel que cualifica los otros dos.  Esto debe llevarla a ir buscando la participación en las instancias de articulación parroquial y diocesana: El Consejo parroquial y diocesano y las Asambleas parroquiales y diocesanas.   Si no se hace este esfuerzo se van encerrando y permitirán que se las excluya de la participación en la labor evangelizadora de la parroquia y de la Diócesis y de su articulación.
  2. Si viven un estilo nuevo de articulación.  Las CEBs. tienen que articularse primeramente entre sí, en el espacio de la parroquia, de tal manera que ésta se convierta en una comunidad de comunidades (DCA 195; DOA 179). También su espacio natural de articulación es la Iglesia particular. Se necesita creatividad para fundar las instancias adecuadas para la coordinación parroquial y diocesana.  La articulación a nivel regional, nacional o latinoamericana es un apoyo para fortalecer la vida de las CEBs, pero nunca debe suplantar o suplir la articulación con los otros niveles de Iglesia.  Si así sucede, las CEBs. aparecerán como un movimiento y no como la Iglesia de Jesús. Esto, en algunos casos, es difícil porque algunos pastores no aceptan ni toleran las CEBs., sin embargo, no se puede claudicar de este esfuerzo.
  3. Si viven una espiritualidad profunda y evangélica. . El Espíritu Santo es el Motor principal de las CEBs, se deben dejar guiar por El.  La espiritualidad de las CEBs. tiene que estar centrada en el servicio al Reino de Dios, debe ser encarnada y comprometida, contemplativa en la acción y de seguimiento de Jesús, con una clara opción por los pobres, ecuménica y macroecuménica, que viva la esperanza contra toda esperanza, comprometida en las causas del pueblo excluido
  4. Si incorporan a las nuevas generaciones, es decir, a los niños y a los jóvenes.   Para que las CEBs. tengan futuro es necesario que den prioridad a los trabajos de evangelización de los niños y jóvenes.  Si sólo participan los adultos se estará trabajando solamente para el corto plazo.  Estas generaciones nuevas no son añadidos a la Comunidad, sino que son miembros y si se les motiva serán activos e infundirán esperanza y nueva fuerza a las CEBs.
  5. Si viven un compromiso social definido. La dimensión social de la fe es importante en la opción de las CEBs. ya que son un modelo de Iglesia nacido del Vaticano II, que tiene como actitud el diálogo con el mundo, es una Iglesia de cara a las realidades de la sociedad.  La misión de la Iglesia es ofrecer, como Sacramento, la salvación a las personas, por tanto, tiene que conocer su situación y colaborar en la solución a los problemas que se viven.  El riesgo de que les acuse de horizontalismo, de ser revolucionarias, políticas, de estar influenciadas ideológicamente por partidos radicales de izquiera, no debe hacerlas claudicar del compromiso social, cívico y político. El trabajo en esta dimensión es el otro pie con el que caminan las CEBS.: uno es el eclesial y otro el social. Esto es todo un reto ya que supone un continuo discernimiento de los movimientos sociales y civiles y de las luchas populares. Lo que en un tiempo es viable en otros ya no lo es.
  6. Si viven la ministerialidad laical.  Las laicas y laicos son miembros con plenos derechos y obligaciones en la Iglesia. Tienen derecho y obligación de participar en la labor evangelizadora de la Iglesia.  Por eso, aunque su misión prioritaria está en la transformación del mundo, también pueden participar de las labores pastorales de la iglesia. Los ministerios laicales son una de las expresiones más de esta participación corresponsable.  Los ministerios son la forma como la Iglesia y, por tanto, las CEBs. tiene para cumplir la misión.

CONCLUSIÓN.

        “Y sin embargo, se mueven”, creo que esta frase de Galileo es la que mejor describe la situación por la que atraviesan actualmente las CEBs. Son signo de contradicción y motivo de controversia, pero siguen avanzando.   “Dios escribe derecho en renglones chuecos”, porque la Historia de Salvación está en sus manos.  Esto pasó en Aparecida y seguirá pasando en la historia de la Iglesia y de las CEBs.

        Aprovechar lo mejor que se pueda el acontecimiento y el Documento de Aparecida, tanto el Conclusivo, como el Oficial, - ya que ambos son versiones del Magisterio de la Iglesia -, es un desafío que se nos presenta y que no podemos desconocer.  La interpretación del mismo es una labor indispensable para el que quiera ser fiel al espíritu de la V Conferencia General del Episcopado Latinoamericano y del Caribe.

JOSE SANCHEZ SANCHEZ
CD. GUZMAN, JAL.


   Son muy iluminadores los estudios que ha hecho  THEISSEN G.  en  Colorido local y contexto histórico en los evangelios. Una contribución a la historia de la tradición sinóptica. (Salamanca, 1997).  Estudios de sociología del cristianismo primitivo (Salamanca, 1985), en los que lanza hipótesis importantes de interacción del contexto histórico-social en la vida de las primeras comunidades cristianas.