|
Con el objetivo de fortalecer el sentido cristiano de la caridad, entendido como promotor integral de las personas, el sábado 4 de octubre, se realizó el Retiro Anual de Cáritas Salta, en la Casa de Retiros Cura Brochero, ubicada en Campo Quijano, provincia de Salta.
Bajo el lema “Dios es amor” participaron de este espacio alrededor de 75 miembros en representación de las 66 parroquias que conforman la Arquidiócesis, los integrantes de la Comisión Diocesana y el Pbro. Yurquina, quien presidió las Reflexiones y la Celebración de la Santa Misa.
Compartimos algunas de las Reflexiones del Pbro. Yurquina, durante el Retiro:
En los tiempos actuales se da mucha importancia a la formación y preparación para dar una respuesta buena y acertada.
Somos Iglesia, la Iglesia de Cristo que peregrina en la historia la vida tantísima gente y como tal nuestra respuesta debe ser la mejor. Consecuentemente con este pensamiento el santo Padre Benedicto XVI nos dice “…para quienes trabajan en los organismos caritativos eclesiales es indispensable la “formación del Corazón”, formación íntima y espiritual que, gracias al encuentro personal con Cristo, suscita la sensibilidad espiritual que permite conocer a fondo y colmar las expectativas y las necesidades del hombre”.
Este es la finalidad de este retiro sintonizarnos con el corazón de Cristo, para “tener en nosotros los mismos sentimientos que tuvo Cristo Jesús” Fil. 2,5
La cosa más útil que podemos hacer en estos días es poner en claro los principios evangélicos sobre los que basarse a la hora de afrontar los problemas y las situaciones distintas e indicar el espíritu con el que hacerlo.
La Primera Carta de Pedro 1Pe 1,12 define a los Apóstoles como “aquellos que han anunciado el evangelio de todo anuncio cristiano. El “evangelio” indica el contenido del anuncio, en el Espíritu santo” indica el método, esto es el modo, el medio y el clima con que se debe anunciar.
San Pablo encontramos la misma estrecha relación entre el amor de Dios y el amor del prójimo que en San Juan.
En la Carta a los Cristianos de Roma la Primera Parte habla del amor de Dios, derramado en nuestros corazones y del amor como ley nueva del cristiano, en la segunda Parte nos habla de la caridad entre nosotros. En el Cap. 8 de la Carta a los Romanos nos habla de la caridad como ley del espíritu, es decir como disposición infusa que nos hace capaces de amar.
Todo el Cap. 12, es una serie de exhortaciones a la caridad …”que vuestro amor sea sin fingimiento…” Amaos de verdad unos a otros como hermanos y rivalizad en la mutua estima…”
El Cap. 13 contiene las célebres declaraciones de principio sobre caridad como resumen y cumplimiento de la ley.
El Cap. 14 recomienda el amor en la forma particular hacia los débiles y hacia quien, dentro de la comunidad, pienso distinto sobre algún punto. La caridad como ley del espíritu es decir como disposición infusa que nos hace capaces de amar, ahora se habla de la caridad como “fruto del Espíritu” es decir, como virtud adquirida mediante el esfuerzo repetido de la libertad que colabora con la gracia.
Para entender el espíritu que unifica todas estas recomendaciones, la idea de fondo, tenemos que partir de esta palabra inicial “’¡ Que vuestro amor sea fingimiento!”. No es una expresión más sino la matriz de la que derivan todas las demás. Contiene el secreto de la caridad.
El término original utilizado por Pablo para expresar “sin fingimiento” es anhypókritos, es decir sin hipocresía. Este vocablo es una especia de luz indicadora. En efecto este término se utiliza casi exclusivamente para definir el amor cristiano. La expresión “amor sincero” vuelve otra vez en 2 Cor. 6,6 y 1 Pe 1,22 este último pasaje permite comprender con toda certeza el término el amor sincero consiste en amarse de corazón e intensamente unos a otros.
Por tanto, San Pablo, con esa sencilla afirmación, “que
vuestro amor sea sin fingimiento”, nos lleva a la raíz de
la caridad, al corazón. Los que se pide al amor es que sea verdadero,
auténtico, no fingido. Así como el vino, para que sea sincero,
tiene que ser exprimido de la uva, del mismo modo el amor tiene que
salir del corazón. También en esto el apóstol es el
eco fiel del pensamiento de Jesús. En efecto, él había
indicado repetidas veces y con fuerza el corazón como el lugar en
el que se decide el valor de lo que el hombre hace, lo que es puro o impuro
en al vida de una persona. “porque del corazón viene los malos
pensamientos” Mt.
15,19
Podemos
hablar de una intuición paulina respecto de la caridad, intuición
que consiste en revelar, detrás del universo visible y extremo de
la caridad, hecho de obras y palabras, otro completamente interior,
que es respecto del primero lo que es el alma al cuerpo.
Otro gran texto donde podemos conocer el pensamiento de Pablo acerca de la caridad es 1 Cor. 13 todo lo que se habla es una función de que la raíz de la caridad es querer el bien. El hacer sigue al ser.
La benevolencia está antes que la beneficencia. Es el propio apóstol el que explica la diferencia entre las dos esferas de la caridad, diciendo que el mayor acto de caridad externa no serviría de nada sin la caridad interior. Sería lo contrario del amor sincero. En efecto la caridad hipócrita es aquella que hace el bien sin querer bien, que muestra externamente algo que no tiene reflejo en su corazón. Se trata de un simulacro de caridad, que puede llegar a ser egoísta, búsqueda de uno mismo, utilización del hermano o incluso simple remordimiento de conciencia ¡ Se puede hacer caridad por muchos motivos que nada tienen que ver con el amor sincero!
Sería un error contraponer entre sí la caridad del corazón y la caridad de las obras o refugiarse en la caridad interior para hallar en ella una especie de coartada a la falta de caridad efectiva.
Se trata de garantizar a la caridad del egoísmo y sus infinitas astucias.
San Pablo quiere que los cristianos estén arraigados y fundamentados en el amor Ef. 3, 17 es decir que la caridad sea raíz y el fundamento de todo.
Amar sinceramente significa amar a este nivel profundo, en el que ya no se puede mentir, porque estoy solo ante mí mismo, bajo la mirada de Dios. Por este medio, el prójimo entra en el sagrario mas íntimo de mi persona, en lo que la Escritura llama “el hombre interior”, se convierte verdaderamente y hasta el fondo en “prójimo”, porque lo llevo en el corazón, incluso cuando estoy a solas con Dios, y conmigo mismo.
El
prójimo se convierte en íntimo. Esta es la máxima
dignidad que una persona puede conceder a otra, y ha sido a través
de la caridad como Dios ha encontrado el modo de realizar esta obra
tan sublime. Un amor sincero es un reflejo sobre la tierra del amor
de Dios. Es decir, Dios nos lleva en su corazón, nos ha hecho bien
porque nos ha querido bien.
Por
tanto la caridad cristiana, para ser genuina tiene que salir de dentro
del corazón, las obras de misericordia tienen que salir de las “entrañas
de misericordia” Col. 3,12
Aquí está el
misterio de la caridad y la novedad creada en nosotros por la nueva
vida en el Espíritu. Si no lo entendemos así nos quedamos dentro
de un horizonte viejo y natural, en el que el amor cristiano no se
distingue de otras clases de amor.
El
Papa al dirigirse a los miembros de COR UNUM afirmaba “por tanto, quienes
trabajan en las múltiples formas de actividad caritativa de la Iglesia
no pueden contentarse sólo con una actuación técnica
o con resolver problemas y dificultades materiales. La ayuda que ofrecen
no debe reducirse nunca aun gesto filantrópico, sino que debe ser
expresión tangible del amor evangélico”
La
caridad moral tiene que fundarse en la caridad teologal. Cuando amamos
de corazón es Dios, presente en nosotros con su Espíritu,
el que ama en nosotros, a través de nosotros para el amor de Dios.
El
amor cristiano se distingue, pues, de cualquier otro amor porque es
amor de Cristo, ¡ya no amo yo, es Cristo quien ama en mí!.
El verdadero Amor que desciende de la eterna fuente de la Trinidad
, que en Jesucristo ha tomado una forma y un corazón humano, ahora
anhela extenderse para regar toda la tierra quiere moverse en los corazones,
como la miel en los panales.
Esta
encíclica es un texto capital sobre el núcleo de la fe cristiana,
entendiendo con ello la imagen cristiana de Dios y la imagen del ser humano
que deriva de ella… Un texto capital que se opone al uso equivocado
del nombre de Dios y a la ambigüedad de la noción de “amor”,
que es tan evidente en el mundo actual.
Para
explicar la novedad del amor cristiano, el Santo padre intenta, antes que
nada, ilustrar la diferencia y la unidad entre los conceptos de Eros y ágrape,
que no opone sino que se armonizan entre ellos para ofrecer una concepción
real del amor humano, un amor que corresponde a la totalidad (cuerpo y alma)
del ser humano. El ágape impide al eros abandonarse al instinto, mientras
que el eros ofrece al ágape las relaciones vitales fundamentales de
la existencia del ser humano.
El amor
del prójimo, enraizado en el amor de Dios, es una tarea que corresponde
no sólo a cada fiel, sino también así para a la segunda
parte de la encíclica a la comunidad de los creyentes, es decir, a
la Iglesia. Del desarrollo histórico del aspecto eclesial del amor
desde los orígenes de la Iglesia , se pueden apuntar dos datos: el
servicio de la caridad pertenece a la esencia de la Iglesia y en segundo
lugar, a nadie le debe faltar lo necesario en la Iglesia y fuera de ella.
Resumiendo
la encíclica, nos ofrece una visión del amor por el prójimo
y del deber eclesial de obrar la caridad como realización del mandamiento
del amor, que hunde sus raíces en la esencia misma de Dios, que es
Amor, es una invitación a la iglesia a un compromiso renovado en el
servicio de la caridad (diafonía) como parte esencial de su existencia
y misión.
De acuerdo
a lo anterior podemos mirar en la estructura fundamental de la Iglesia surgió la
diafonía como servicio del amor hacia el prójimo, llevado comunitariamente
y de forma ordenada (un servicio concreto pero a la vez espiritual). Con
la Difusión progresiva de la Iglesia , este ejercicio de caridad se
confirmó como uno de sus ámbitos esenciales. La naturaleza íntima
de la Iglesia se expresa, de esa forma, en una triple tarea: anuncio de la
Palabra de Dios (kereygma), celebración de los sacramentos (liturgia)
y servicio de caridad (diakonia). Son tareas en las que una presupone las
otras y no pueden separarse entre sí.
La actividad
caritativa cristiana deber ser independiente de los partidos e ideologías.
El programa del cristiano (el buen samaritano) es un corazón que ve.
Este corazón ve donde hay necesidad de amor y actúa en modo
consecuente.
Además,
la actividad caritativa cristiana no debe ser un medio en función
de lo que hoy se califica como proselitismo. El amor es gratuito, no se ejercita
para alcanzar otros fines. Pero esto no significa que la acción caritativa
deba, por así decir, dejar de lado a Dios y a Cristo. El cristiano
sabe cuándo debe hablar de Dios y cuándo es justo no hacerlo
y dejar solamente hablar al amor. El himno a la caridad de San Pablo 1 Cor.
13 debe ser la carta Magna de todo servicio eclesial, para protegerlo del
riesgo de caer en el puro activismo.
Es importantísimo,
frente al peligro del secularismo, que puede condicionar a muchos cristianos
comprometidos en la labor caritativa, reafirmar la importancia de la oración.
El contacto vivo con Cristo evita que la experiencia de las enormes necesidades
y de los propios límites arrastren a una ideología que pretende
hacer ahora aquello que aparentemente, Dios no consigue hacer, o caer en
la tentación de ceder a la inercia y a la resignación. Quien
reza no desaprovecha el tiempo, a pensar de que las circunstancias le empujen únicamente
a la acción, ni pretende cambiar o corregir los planes de Dios, sino
que busca siguiendo el ejemplo de María y de los santos obtener de
Dios la Luz y la fuerza del amor que vence toda oscuridad y egoísmo
presente en el mundo.
|